“En Bolivia se produce una suerte de concentración trágica de los problemas culturales e históricos de América Latina […]No es un país apacible y, por el contrario, se puede decir que ni siquiera es un país natural porque aquí nada es fácil y parece todo tener el contenido de un reto; pero su exigencia, su desventura, la facilidad con que se compromete y concierta las marchas unánimes hace hasta ahora su modo de ser. Su dificultad es también su mejor gloria.
René Zavaleta Mercado. El Desarrollo de la conciencia nacional.
El Estado Plurinacional y la sociedad plural ha desnudado desde la crisis del 2019, que vivimos un tiempo irresuelto, la extrema derecha, la derecha, algunos grupos de centro e incluso de izquierda comparten un común: la colonialidad del poder, su racionalidad emerge a partir del prejuicio racial étnico; urbano-rural; clase media profesional-popular campesino comerciante; criollo/mestizo-indígena campesino originario; empresario generador de empleo y exportador-productor artesanal de subsistencia familiar; empresario agroindustrial-campesino avasallador, esta estratificación racial, social e intersubjetiva, es la racionalidad como única verdad que existe para los empresarios y sectores clase media urbanos que se consideran dominantes y propietarios del Estado y la sociedad.
Todos los sectores subalternos que votaron e hicieron gobierno a Paz/Lara, a pesar de ser excluidos hasta del acto ceremonial del juramento presidencial le dieron la venia de apoyo aceptando el incremento del diésel y la gasolina a precio internacional, esa venia fue asumida por la nueva folclórica elite gobernante como la otorgación de un talonario de cheques en blanco, que podrían disponer cuando y como mejor les parezca.
Paz Pereira proviene familiar e ideológicamente de la socialdemocracia que heredó la imagen de víctima de la dictadura, socialmente fue clase media perfumada, políticamente siempre convivió con las derechas, fue el típico solidario romántico con los indígenas, es decir es más de lo mismo con características diferentes a las elites que dirigieron el país desde 1825, a ello se debe su desprecio por los campesinos e indígenas como personas y pueblos.
Su anti-izquierdismo resume la subjetividad construida en su vida personal, familiar, social, política dentro y fuera del país, él se considera hijo de la democracia, pero de la democracia liberal, colonial, republicana, subordinada en condición de vasallaje a los EEUU. Este código es su forma de vida, por eso el primer acto que hizo cuando se supo presidente ganador fue viajar al norte, reunirse con el Secretario de Estado, Marco Rubio, con los organismos multilaterales propios de los gringos, con los empresarios agroindustriales de Santa Cruz, el día que juro como presidente fue a pedir la venia y bendición del ícono de la iglesia católica, monseñor Jesús Juarez Párraga que tiene origen español, Juarez siempre fue eterno mediador para los gobiernos de derecha cuando estaban en crisis; recuerda al clero español que medió en 1730 a favor a las autoridades coloniales de la Audiencia de Charcas para que se rindiera el sublevado Alejo Calatayud, luego de esta acto cristiano de mediación, Calatayud fue detenido, asesinado y su cuerpo desmembrado.
Los plebeyos, que son los aymaras y quechuas, el 2019, durante los días del golpe de Estado, vieron que su presidente indígena fue obligado a renunciar, que el símbolo patrio del Estado Plurinacional, la Wiphala, fue pisoteada y quemada por los mismos sectores que hoy se movilizan en las capitales de departamentos. La Iglesia Católica el 11 de noviembre (2019), un día antes que asuma la presidenta de facto, en conferencia de prensa, el monseñor Aurelio Pesoa Rivera, secretario general de la Conferencia Episcopal Boliviana, pidió a las FFAA y a la Policía Boliviana salgan a defender “la propiedad, las instituciones y la paz social”, esos mismos plebeyos fueron caracterizados por el ministro de defensa del gobierno de facto como “hordas delincuenciales”, el saldo son los asesinatos a nombre de la democracia y el estado de derecho de aymaras y quechuas.
Jeanine Añez, la presidenta de facto, llamó “salvajes” a los indios quechuas que fueron vejados, humillados en el acto racial público en la plaza principal de Sucre en mayo del 2007; los campesinos que reclamaban democracia y elecciones el 2020, el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz los llamó “bestias salvajes”. Ahora el presidente Paz, su vocero y ministros, llaman a los aymaras y sectores populares “vándalos”, es decir para las elites, no es un adjetivo descalificativo sino es una frase, es una categoría, un concepto que identifica al indígena campesino.
El bloqueo de la ciudad de El Alto está liderado por las federaciones de juntas vecinales; el bloqueo de caminos que une la ciudad de La Paz con otras ciudades del departamento y con Oruro está liderada por la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de La Paz-Tupaj Katari; el bloqueo que se desarrolla en varias rutas en Oruro está liderada por la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Oruro; Potosí está bloqueada por la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos Originarios de Potosí; Cochabamba por la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Cochabamba, cada dirigencia en los puntos de bloqueo evocan a su lideres y mártires: Tupaj Katari, Tomas Katari, Zarate Willka, Bartolina Sisa, Kurusa Llave, no sólo para recordarlos, sino también para mostrarnos que la historia es una memoria presente, en cambio, para las clases medias ilustradas, la historia son fechas, cronología, nombres, es decir es la banalización de su pasado, por eso dice la sabiduría popular, las clases medias urbanas no tienen historia, solo pasado, en cambio los pueblos tienen historia y presente, por ello su memoria es una vivencia constante de rebeldía.
El país se encuentra en una coyuntura de crisis, de bloqueo, de intolerancia, de desabastecimiento, los medios de comunicación estatales y privados, analistas y tukuimas presentan imágenes catastróficas para invisibilizar lo que motiva las movilizaciones; hoy el país asiste a la resistencia movilizada aymara-quechua popular.
Bolivia no vive la inviabilidad nacional, transita hacia la plurinacionalidad descolonizada, lo que impide esa transformación imprescindible en nuestra historia, es la miopía de las ciertas elites coloniales raciales, que siguen teniendo su mente en la lógica colonial occidental como su paradigma de vida.





