La campaña electoral tiene su momento subliminal, es cuando se sumergen los candidatos en los charcos de los aplausos, de los abrazos, de las guirnaldas, de los saludos y de los deseos de éxitos, además en cada acto de proclamación, los oradores a su turno siempre le dirán que es el elegido para gobernar la Patria. Ahí el aspirante a patriarca siente que su destino estaba escrito, que no se equivocó en su decisión de ser el guía que el pueblo necesitaba, que sus padres nunca se equivocaron en la educación que le dieron, lo educaron para servir y guiar al pueblo. Su destino estaba escrito.
El imaginario es tal, que la ilusión ya no es un deseo, sino la realidad, se trataba solo de esperar, porque el tiempo iba a llegar, se considera a sí mismo el elegido, porque nació para guiar, para arreglar lo que estaba malo, para redimir a los que fueron maltratados, para poner las cosas en su lugar y la vida vuelva a su normalidad de la que fue arrebatada por los indígenas fariseos.
En la competencia electoral, sus adversarios cabalgaban en sus carrosas, rodeados de sus guardias, corrían con tanta fuerza que no vieron al elegido cabalgar en un corcel, avanzaba con tanta serenidad, porque era el elegido para ser el guía, la historia estaba escrito. El elegido no escribe la historia, él es en sí mismo la encarnación de la historia.
Llego primero en el primer tramo (primera vuelta) con una cabeza de diferencia, en el segundo tramo (ballotage), venció con todo el cuerpo de su corcel, se cumplió lo que estaba anticipado, la silla presidencial para el elegido que es el aspirante a patriarca lo esperaba con su nombre grabado en la cabecera.
Al momento de jurar, lo hizo con la señal de la cruz, a voz en cuello expreso: “Dios, Patria y Familia”, esta triada en el siglo pasado era la frase del dictador falangista español Francisco Franco, del dictador fascista italiano Benito Mussulini, en el presente siglo la extrema derecha que reivindica el nazi-fascismo utiliza la misma triada, Bolsonaro en Brasil y Meloni en Italia, con el acto testimonial el nuevo inquilino-propietario del palacio Quemado buscaba ser arropado y en lo posible adoptado por el establishment de extrema derecha como su “hijo prodigo”, así sucedió.
En el imperio del norte, el dueño temporal del salón Oval, el multimillonario republicano presbiteriano que se autonombro el siamés de Jesús, lo tiene en su lista de sus principales protegidos, lo invito a su cancha privada de golf en Florida, junto con a otros patriarcas de sangre azul, hacen gala de su sumisión para validar el plan recolonización imperial sobre nuestros territorios y aplaudir el desprecio que tiene el gringo de jopo colorado por el idioma del invasor español, además el aspirante a patriarca nació en tierras españolas.
Al igual que Luis Bonaparte que hacía gala de su alcurnia familiar napoleónica cuando postulo a la presidencia francesa, nuestro aspirante proviene de la alcurnia dinástica de la familia Paz. A la experiencia de los Bonaparte en Francia, Don Carlos el barbón prusiano caracterizó como la comedia al gobierno de Napoleon y tragedia al de Luis, ¿será una sentencia histórica?
El aspirante a patriarca busco ser adoptado por la oligarquía agroindustrial que no lo apoyó, necesitaba el calor oriental donde perdió, corrió antes de sentarse en la silla presidencial a los dominios orientales, como prueba de su lealtad incondicional les dio dos ministerios, y por si fuera poco, como yapa les regaló el Instituto Nacional de Reforma Agraria INRA, les autorizó a exportar libremente sus productos agroindustriales, privilegió el capitalismo externo en desmedró de la soberanía alimentaria, todo en nombre de la Patria.
Pero no quiso ser indiferente con el pueblo, ese pueblo que tiene rostro y color indígena campesino, que es transportista, pasajero, albañil, comerciante, clase media popular, estudiante: les subió el costo de la carne, del pan, del pasaje, del combustible al precio fijado por el capitalismo mundial, al igual que nos envían ropa usada americana y europea para vender en las ferias hoy nos venden gasolina y diésel de mala calidad.
El obrero del volante no tiene más remedio que comprar el combustible caro y de mala calidad, al mismo tiempo asiste a la muerte de sus motores, para prolongar la vida útil de su fuente de trabajo le piden, le suplican al gobierno que cure sus fuentes de trabajo y no siga envenenando el parque automotor.
Los empleados del aspirante a patriarca cada día tienen una nueva justificación: la mala calidad del combustible es culpa de la luna, del sol, del mal tiempo, se contamina en las cisternas por culpa de los choferes, todos tienen la culpa, menos las trasnacionales que nos venden, tampoco YPFB y ANH que compran e importan, el exministro Medinaceli que proviene de otra dinastía política familiar estaba igual que la canción mambo ranchera yo no fui.
Sus nuevos padrinos lo aplauden porque es la nueva esperanza, pero a la vez lo critican porque no saben a dónde va, él sigue ensimismado en su aureola de orador mediático, es su mundo.
Los plebeyos que lo apoyaron y fueron despreciados en su discurso inaugural hoy solo le piden que los salarios devaluados por la inflación tengan alguito de compensación, que el combustible a precio internacional no sea trucho, que las tierras no sean para el agronegocio oligárquico, lo hacen sacrificando su propia estabilidad personal y familiar, temporalmente eligieron las marchan en las rutas y las calles como su nuevo hogar, al sol, a la luna, a la lluvia y el frío como sus cobijos diarios.
El aspirante a patriarca está en todas partes para no sentirse solo, pero no donde está donde tiene que estar.
Su público y base son los medios privados y estales de (in)comunicación, son los empresarios agroindustriales de nombres y apellidos extranjeros, son los parlamentarios transformes multicolor, al igual que su antecesor, los aplausos y adulaciones que le brindan incondicionalmente son por la silla donde está sentado.
El aspirante a patriarca en su intimidad conciencial afirmo: “cuadra o no cuadra”, su círculo está lleno de todo tipo de intereses, él siente que vive en la orfandad, es la soledad del poder.





