Roberto Suárez escribió en su inédito libro “Yo fui el Rey”: “¿Por qué extrañarnos de que, si alguien se ve mezclado en el turbio mundo de las drogas, se tenga por sentado que lo único que busca es fortuna o poder?”.
Y su entonces esposa Ayda Levy dejó testimonio en “El Rey de la cocaína, mi vida con Roberto Suárez Gómez y el nacimiento del primer narco estado” -editado y publicado en Argentina en 2012- revela “(…) los compromisos que asumieron gobiernos, fuerzas represivas, agencia antidrogas y personas ligadas a esta ilícita actividad, es para demostrar de manera fehaciente la falsedad de la guerra contra las drogas”.
En sus páginas demuestra el poder de influencia del Rey de la cocaína en el golpe de Estado de Luis Garcia Meza, que lo califica como la “narco dictadura”, con el financiamiento con cinco millones de dólares, el acuerdo de no agresión con el gobierno de Víctor Paz Estessoro, su complicidad y pactos con la CIA y la DEA en la instalación de una gran fábrica de cocaína llamada la “Corporación General Motors” en el Madidi, su alianza con los colombianos Pablo Escóbar y Gonzalo Rodríguez Gacha, con el panameño Manuel Noriega, con Roberto Calvi, el “banquero de Dios”, administrador del Banco Ambrosiano del Vaticano, etcétera.
Levy escribió al pie de una foto: “(Oliver) North le dijo a mi marido: ´le recuerdo que nosotros ya hemos cumplido con la primera parte del trato. Ahora es usted quien debe decidir si terminamos lo que comenzamos. El futuro de esta sociedad está en sus manos. ´
North es un viejo militar conocido en el mundo por el escándalo de Irán-Contras y Nicaragua.
El 5 de septiembre de 1986, corría todavía el gobierno de Paz Estessoro, se descubrió -con el asesinado del científico Noel Kempf- el mega laboratorio de cristalización de cocaína de alta pureza en la serranía de Caparuch. Resulto que la venta de la droga en Estados Unidos financiaba a la CIA la compra de armas de Irán para la contrarrevolución en Nicaragua. No hubo detenidos ni enjuiciado, excepto supuestos sicarios de poca monta y el asesinado del diputado Edmundo Salazar, que estaba tras las pistas del hilo conductor, ni su jefe político lo apoyó, Oscar Zamora, el “Motete”.
El “narco avión” salpica al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, sucesor político de Paz Estenssoro, en septiembre de 1995. La DEA había seguido al narcotraficante Luis Amado Pacheco, alias el “Barbaschocas”, éste acababa de enviar en un avión 4,1 toneladas de cocaína con destino a Mexico.
Por algún motivo, la DEA prefirió intervenir el avión en el aeropuerto de Lima con la carga valuada en más de cien millones de dólares y no en La Paz. Fujimori lo tomó como una victoria política de su gobierno, nunca antes había caído tanta cocaína en un golpe .
El escándalo alcanzó a figuras importantes del gobierno de Goni, el principal, su ministro del Interior Carlos Sánchez Berzaín. El único que pago con la cárcel fue el “Barbachocas” y un par de policías.
En 1994, estalla otro caso de narco política del alto nivel. El ex militar Isaac “Oso” Chavarría, muy emparentado con la familia de Jaime Paz Zamora y su socio, Carmelo “Meco” Dominguez, fueron denunciados y detenidos por narcotráfico y financiar las campañas políticas del ex presidente.
Estados Unidos retiro las visas de ingreso a su país de los principales dirigentes y familiares, influyó en enviar a la cárcel al segundo hombre del MIR, Oscar Eíd Franco. Sus sospechan se fundaban en que Paz había nombrado al coronel Faustino Rico Toro como jefe de la Fuerza Antidroga, cuando sus antecedentes lo señalaban como cómplice de la narcodictadura de García Meza, que después fue extraditado a EEUU y el famoso decreto que concedió perdón judicial a los “narcos arrepentidos”.
El narcotraficante Sebastián Marset, dicen que uno de los más buscados en el mundo, jalo de las narices a dos gobiernos, el de Luis Arce y Rodrigo Paz. La mayoría de las publicaciones de prensa e informes policiales dan cuenta que el uruguayo sentó sus bases de operación desde la ciudad de Santa Cruz, con pleno concomimiento y consentimiento de las autoridades antidrogas.
Marset envió curiosos mensajes al ex ministro Eduardo Del Castillo, a quien en tono de burla lo llamaba “Sonia”. Entretanto, seguía “oculto” en alguna parte de Santa Cruz. Del Castillo, tras su estrepitosa candidatura a la presidencia, se guardó a la sombra y en silencio total.
Hace poco, el uruguayo cayó, parentemente para silenciarlo. En la casa que habitaba, contaba con todas las comodidades de multimillonario intocable. Sin juicio alguno ni trámite de extradición, fue entregado a la DEA de EEUU.
El caso Marset destapó una olla de presión por sus bienes, posteriores asesinatos, denuncias de protección, saqueo de sus bienes y los vapores parecidos a la de un volcán activo no terminan de apagarse, menos de aclararse en este gobierno.
Ah, sin olvidar el escándalo de las 32 “narco maletas” introducidas por la vía legal a Santa Cruz, que llevaban más de 100 millones de dólares.
El escenario de una fiesta privada descrito por Ayda Levi, por así decirlo la primera dama del “Rey de la Cocaína”, pareciera ser una postal que perseguirá a Bolivia por tiempo indefinido: “Los invitados a la fiesta eran familiares, dignatarios de Estado, cuerpo diplomático, empresarios y representantes de familias tradicionales del país.”





