Cállate uno: julio de 2023
Freddy Morales es invitado a un acto sobre periodismo y nuevas tecnologías en la Fundación Friedich Ebert (la socialdemocracia alemana) en La Paz. El evento titula “Tribalismo y posverdad”. Están varios periodistas de derecha. Todos hablan durante largos minutos sobre la libertad de expresión. Una de las colegas menciona la reciente llegada de una comisión internacional de prensa que viene a auscultar el estado de las libertades mediáticas. Está (muy) enojada porque la comisión ha escuchado a colegas de derecha y colegas de izquierda. La compañera alude a Freddy sin citarlo. Dice mentiras. Entonces Freddy que se ha mordido la lengua toda la tarde, pide la palabra. La colega, ex directora de un ex periódico de derecha, se levanta y dice: “si habla Freddy Morales, yo me voy; no he venido a escuchar a ese señor”. Los organizadores de la Ebert le dan la palabra a Freddy pero acotan: “hable pocos minutos”. Freddy agarra el micrófono y no se calla.
Cállate dos: diciembre de 2010
Estoy con el compañero Andrés Sal.lari cubriendo la cumbre del cambio climático, COP 16 para el programa “Contextos Salvajes” de Red Patria Nueva. Estamos en Cancún, México. Estamos lejos de las playas paradisíacas y ese azul que solo tiene el Caribe. Venimos caminando en una marcha desde hace siete horas bajo un sol de justicia. El cordón militar nos detiene antes de llegar al Hotel Moon Palace, lujosa sede de la Cumbre. Los compañeros/compañeras marchistas se quedan al otro lado de la barricada. Pasamos con nuestras credenciales de prensa. Llego al lugar de la conferencia para periodistas. Hay cientos de colegas de todo el mundo que quieren preguntar a los organizadores en el primer día de la Cumbre. Levanto la mano. Y levanto la mano. Una y otra vez. Estoy en una esquina, de pie.
En la primera fila sentada veo a una colega boliviana de un periódico de derecha de Cochabamba. Ella no ha venido en la marcha caminando junto a los movimientos sociales de medio mundo. Faltaría más. Es una asidua permanente a estas cumbres. Cuando -por fin- me van a pasar el micrófono para que pueda preguntar, la colega se da la vuelta y grita indignada, ante el asombro de medio auditorio: “Cállate Bajo, eres un figureti de mierda”. Agarro el micro y no me callo.
Cállate tres: febrero de 2022
Es curioso que los autoproclamados defensores a ultranza de la libertad de expresión son los más querendones de la censura. Están acostumbrados a que sus voces sean las únicas, a que los demás comamos callados. Me hacen recuerdo a un viejo y corrupto rey español (al que nadie votó) que mandó a callar a un presidente digno venezolano elegido por millones.
Es “raro” que un medio de comunicación de derecha se autoproclame independiente y pluralista y tenga nombres prohibidos. En La Paz hubo uno, hundido/fundido por la soberbia, sus mentiras y el mal manejo empresarial, donde mi apellido era mala palabra. Si salía (por coyuntura de coberturas culturales o deportivas), el director/la directora “se iban”. No estaban ahí para oir a este señor. Borraban mi nombre incluso de páginas ya armadas.
Es paradójico que los que dicen respetar/defender las libertades son los que mandan a callar. Lo hacen porque tienen miedo. Miedo a otras versiones de la historia, miedo a perder sus púlpitos y privilegios de verdades únicas y absolutas.
Cállate cuatro: mayo de 2026
“Cállate, masista, cierra la boca”. ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase/grito en los últimos años? Acostumbrados a invisibilizar (mujeres, indígenas, obreros, estudiantes, locos, enfermos, viejos, maricones y lesbianas, “llunkus” de mierda) ahora toca dar muerte civil a zurdos, comunistas, terroristas, “narcopedófilos”. Nunca más el MAS, dicen. No critiques, no hables, no protestes, calladito: ¿o quieres que vuelva el MAS? Chantajes, prohibiciones, candidaturas inhabilitadas, represión, oscuros tejemanejes, criminalización de la legítima protesta popular, silenciamientos ante la ola privatizadora que se viene. Disciplinamiento social ante el empobrecimiento que no cesa. Paredes mudas como en las dictaduras.
El antimasismo no distingue: todo lo popular es masista. Dockweiler es masista (aunque haya renegado ya de su pasado). René Yahuasi es masista (aunque jure y perjure que no habla ni con Evo). La trabajadora del hogar que escucha Radio Kawsachun Coca mientras prepara la comida que será servida en una mesa familiar en la que no tiene silla es masista. El portero del condominio tiene pinta de masista. Es el peor de los insultos, la descalificación que cierra cualquier debate. Ellos, los paladines de la tolerancia, pasión de inquisidores. Nosotros, los necios.
En realidad, el antimasismo se resume en una palabra: aporofobia. Es el miedo, rechazo, aversión o desprecio hacia las personas pobres. Es una palabra acuñada en los 90 por la filósofa española Adela Cortina. Proviene del griego áporos (pobre) y fóbos (miedo).
Durante los catorce años de masismo/evismo, los señoros/señoras que hoy gobiernan tuvieron medios y palestras mediáticas (muchas de ellas contaron incluso con publicidad del gobierno). Nota mental: “compañero, ponemos avisos en los medios de la derecha para que se oiga ahí nuestra voz”. Esos señoros/señoras hoy silencian voces críticas, bajan páginas, ahogan canales, sepultan el pluralismo que ayer decían defender. La hipotenusa, la hipocresía nomás.
A principios del siglo vivíamos en Bolivia en una situación similar a la actual: reinaba el neoliberalismo privatizador, la “juntucha”, la “mega”-coalición. Citaban (mal) a Fukuyama: había que callarse, la lucha de clases terminó, el fin de la historia había llegado. No merecía la pena luchar, caerse, levantarse, luchar otra vez. No existían medios con voces diferentes, apenas algunos alternativos (como El Juguete Rabioso).
Hoy, entre la basura, surgen flores; hoy entre el asfalto y el cemento agresivo, brota una plantita, contra viento y marea. “Ají colorado, palabras picantes” es una pequeña flor, acaso un retoño, apenas un pimpollo, que solo necesita un poco de sol, unas gotas de agua.
Citando a uno de los suyos: “se mide la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones y el espíritu crítico de sus medios de comunicación” (Mario Vargas Llosa). “Ají colorado, palabras picantes” llega para no callarnos. Citando a una de las nuestras: “cuando tenga la tierra, sembraré las palabras” (Mercedes Sosa). Este quincenal -que ve la luz digital un primero combativo de mayo- nace para sembrar una orquesta de voces donde escriben/cantan los que piensan, donde las palabras caminan de nuevo.





