Medinaceli
El exministro de Hidrocarburos y Energía del presidente Rodrigo Paz fue durante mucho tiempo el funcionario más asediado de la oposición que, de la nada, le creció al gobierno en la Asamblea Legislativa.
Las paradojas de la política nos contarán los azares del presidente Paz que, para bien o para mal, debe entender el significado de la historia del combustible vehicular que ha sido su primera carta de presentación y también, por ahora, forma parte destacada del bochorno junto al escándalo de las maletas que llegaron al país protegidas por una ex asambleísta y su poderoso pasaporte diplomático vencido, la ola de crímenes vinculados al narco, el misterio de las cajas fuertes de Marset, la ley que puso en marcha a los indígenas desde Pando y Beni acabando en La Paz, el presupuesto reformulado que sube el gasto en sueldos del Ejecutivo. Aunque todo y más es delicado, están en un segundo plano ante lo que ha significado la crisis del combustible que venía de acabar de sepultar a Luis Arce con inmensas y prolongadas filas y desembocó en un desastre gigantesco en el gobierno de Paz.
La contaminación, desestabilización o podredumbre de la gasolina que ha obligado a miles de vehículos de toda gama a someterse a una limpieza de motor, inyectores y quien sabe qué cosas más, ha borrado de inmediato la sonrisa que muchos exhibían al tener un presidente que no sea masista. Para muchos, eso era suficiente.
En este tramo el que el ex ministro se haya mantenido en funciones tiene que sorprendernos. Ya se fueron antes la directora de la Agencia Nacional de Hidrocarburos con una pedantería académica que no la ayudó en la caída, fue la primera coartada.
Luego, la renuncia, no se sabe desde donde, del señor Akly, un sujeto aun desconocido para el país, salvo para esa parte del gobierno que aspira a usufructuar de él sin mostrar el rostro y, finalmente, horas antes de la remoción del ministro, la renuncia de la todavía nueva presidenta de YPFB, una profesional que inspiraba seriedad para el tratamiento del problema.
Llamó mucho la atención una de tantas conjeturas que surgieron ante el silencio gubernamental o la vervorragia habitual, sobre el combustible envenenado.
Se especulaba que fueron los empresarios agroindustriales quienes serían los proveedores de la pósima abundante de etanol almacenado durante mucho tiempo, que se mezcló con el combustible que compró el gobierno a un precio mayor que el que pagaba Luis Arce Catacora a las mismas empresas.
Muy similar en esta historia es lo que el diputado Alarcón declaraba al afirmar que identificó a una de las empresas como la responsable de la venta de este combustible de base, que se pudrió con el alcohol etanol y desde entonces destroza vehículos y al gobierno.
En el anecdotario habrá quien coleccione las explicaciones de varios de los voceros circunstanciales, que lejos de traer certezas sembraron dudas y sonrisas con las hipótesis bochornosas que en algún momento involucraron al presidente de Chile, el nuevo mejor amigo de Rodrigo Paz, en el desmantelamiento de una peligrosa red de saboteadores que obtenían mil litros de cada una las cisternas y las cambiaban con aceite y agua sucia provocando la atención mundial de quienes estudian química y la sonora carcajada de los choferes del país.
Aun así, el ministro Medinaceli se mantuvo firme, un poco alicaído en las imágenes pero en el cargo, soportando en primera persona la demanda de la ciudadanía en todos sus estratos, presionado por los empresarios para mantener buenas relaciones a pesar de los pésimos productos, protegido por una importante parte del gabinete, sus cuates, que le acompañaron incluso en aquella interpelación ineludible que acabó en tablas.
Medinaceli no mostró los contratos, de los que luego se conoció una adenda que nadie en Bolivia sabía de su existencia, no hubo ningún seguro que cubrió los costos que implica la devolución de gastos de los propietarios de vehículos que se animan a reclamar.
El ex ministro no dio ninguna explicación sensata sobre la contaminación del combustible, cuanto está costando al país este incidente que se conoció de manera casual a través de una entrevista al ministro Lupo, quien de pasada deslizó un “hay un problema en la mezcla, lo estamos solucionando”.
Claro que no se solucionó y mas bien se convirtió en la crisis más importante de un gobierno que no alcanza los seis meses de mandato.
Mientras la cabeza de Medinaceli, que tiene comprometido un proyecto de ley que revolucionaria la actividad hidrocarburifera del país según el propio presidente Paz, esa cabeza digo, rodaba en un acto de habitación trasera, en los otros ministerios o no pasa nada, que son la mayoría, o pasan bochornos por su alarmismo, falta de responsabilidad y mucho entuciasmo con las frases consigna del presidente.
En definitiva, el problema del ministro Medinaceli es que se convirtió sin proponerse, en la insignia de este gobierno y que sin él, la narrativa de los analistas puede variar porque claramente su sucesor no tiene un perfil en hidrocarburos, pero si experiencia en gestión pública, una experiencia que tampoco augura optimismo.
Akly
En esa dimensión de la política en la que las acciones no tienen relación con la legalidad, es donde suelen esconderse las críticas, porque gozan de amplia legitimidad.
Ese juego tiene mucho de escénico, son los significantes y en definitiva los beneficios concretos los que tienen mas validez que los procedimientos, porque damos por supuesto que aquellos han sido correctos.
El ex presidente de YPFB, el primero de Rodrigo Paz, aun sin haber asumido el cargo, concretó el acuerdo por la gasolina con las empresas que se habían esmerado en liquidar al gobierno de Arce.
Las circunstancias en general casi lo obligaban, aunque no necesariamente.
La idea era que la gestión resuelva a la brevedad los problemas que afectaban a la población, pero aquel entuciasmo que surgió de haber asumido un mandato llevó a mover las fichas muy rápidamente, tanto que la preparación de la toma de posesión de Rodrigo Paz consideró necesario dar un poderoso golpe de efecto, porque lo sabían pero nadie se animaba a decirlo, que la victoria había sido producto de la desilusión y el desencanto, antes que de su propio mérito o el de un proyecto de país.
Habían sido muchos los meses en los que el no gobierno de Luis Arce maltrató a la población dejándola sin combustible, en filas eternas en procura del carburante, esperas que formaban un microclima de odio por las circunstancias y sus culpables.
Las elecciones fueron la barrera que evitó el desborde contra el mal gobierno y al llegar estas, los sectores populares apostaron por la emergencia de dos personajes nuevos en el escenario, con particularidades propias de cada uno de ellos pero esmerados en contactar con la gente simple a través de una narrativa breve, de consignas y sin contenido, ni proyecto. Y la gente les creyó.
La puesta en escena incluía vehículos cisterna ingresando a cualquier lugar del país, pantalla dividida contra todo protocolo televisivo de transmisión de mando. Rodrigo Paz, con un discurso estilo Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia, el vicepresidente vestido de policía con uniforme de gala, la primera dama y la familia en un palco mientras los invitados del ex policía no podían ingresar al salón.
Mientras la afanosa producción de BTV se esmeraba por hacer coincidir la transmisión con el discurso, Akly o a quienes representaba como el próximo presidente de YPFB, aparentemente ya se encontraba cerrando negocios con las poderosas empresas que administran la región en materia de transporte de hidrocarburos.
Akly no sospechaba la magnitud del impacto que durante mucho tiempo estará afectando al país y deshaciendo al gobierno velozmente.
Es posible que el negocio haya sido tan grande, que los contratos no se muestran o no se quieren mostrar porque develaría su magnitud. Lo evidente era que, una vez introducido aquel combustible en el circuito de abastecimiento, comenzó a afectar a los miles de vehículos que lo cargaron sedientos después de una prolongada crisis.
Una vez que el desastre se puso en evidencia, Akly y sus gerentes se mostraban desconcertados, parecían no tener idea de lo que estaba ocurriendo, el combustible estaba envenenado.
La imagen de la posesión se desvanecía rápidamente, mucho más de lo deseado y en cambio la molestia de los conductores estaba en desarrollo.
Parecía evidente que el relato de los veinte años comenzaba a debilitarse, de hecho había sido utilizado durante la campaña con alta intensidad por casi todos los candidatos que aspiraban a desmontar el proceso de cambio y sobre todo el Estado Plurinacional, aunque en realidad no tenían idea de cómo se podía hacer aquello, menos la propuesta de Rodrigo Paz que si bien postulaba, probablemente lo hacía pensando en un proyecto de mediano plazo, pero en este complejo escenario les tocó asumir la responsabilidad del mandato.
Esa casualidad de la historia ahora debía tener su prueba de fuego, resolver el abastecimiento había sido un logro inmenso, haberlo hecho con combustible de pésima calidad exponenciaba el fracaso y aquello era evidente porque la gestión no era capaz de dar una explicación coherente sobre los orígenes y las consecuencias para los usuarios.
Apelaron y aun lo hacen, a sostener esa narrativa en la que insisten en convertir el pasado en una nube negra que atravesó este país lenta y dolorosamente, pero no es tan simple, lo que en verdad no quieren aceptar es que ese tiempo no es el tiempo y esas condiciones no son las que la población sinceramente sentía.
¿Cómo es posible que con una acción se resuelva un problema estructural y la misma desmonte la imagen de eficiencia que pretendía? pues solo cuando ni el problema ni la solución son reales.
Igual que Yuseff Akly que en realidad no supo administrar la industria más importante del país más allá de un desconocido acuerdo con poderosas empresas que pondría los cisternas en la transmisión en vivo de la posesión presidencial, desconoció las características de ese producto, no quiso hacer público el problema y menos dar solución rápida al mismo, el gobierno de Rodrigo Paz parece estar en una escena distinta a la que se imaginó mientras juraba como presidente.
Su mayor error, el de Akly, no es haber comprado un combustible de pésima calidad a precios que aparentemente estaban inflados, su mayor error es no haber reconocido cómo era la empresa que presidía, sus funciones y objetivos, además por supuesto de las dificultades que tenía.
El Estado Plurinacional no es una ficción o invento apresurado, es una institucionalidad montada durante largo tiempo y hay quienes incluso cuestionan muchas decisiones que pudiendo haberse tomado durante el proceso de cambio y no se lo ha hecho, pero ese Estado es real y lo que corresponde es comprender cual es su funcionamiento para administrarlo correctamente.
YPFB venía de mantener el país a través de la renta que generaba con la exportación de gas a la Argentina y Brasil y acabó durante el mal gobierno dependiendo de otros factores ajenos a sus funciones para mantener su estabilidad y procurar su crecimiento porque dejó de generar excedentes.
Los escasos recursos que produce no son suficientes, necesita que el Estado encuentre otras formas de obtener ganancias y divisas que le permitan pagar el combustible necesario para justificar su existencia.
La disposición social favorecía medidas que en otros momentos fracasaron como la disminución de la subvención a los hidrocarburos. Hoy la población aceptó aquello, no porque consideré que esté equivocada, sino porque en conciencia sabe que no es oportuna, pero eso no significa que acepte improvisaciones irresponsables y alejadas del interés popular, que pretendan desmontar un Estado que la ciudadanía descubrió útil.
No es la mezcla de agua con aceite usado, no es un sabotaje largamente pensado, no es una estructura corrupta que continua administrando la empresa, es la mera realidad.
Lo de Akly tiene que ser una pista para buscar soluciones, antes que explicaciones.
Parece importante por tanto, pensar más allá de las obviedades y trabajar en una decisión que modifique las condiciones económicas del país y el camino no pasa por deshacerse de lo poco que tenemos o de seguir construyendo frases agotadas prematuramente, sino de imaginar y concretar un modelo de desarrollo diferente al que ahora tenemos.
Por sobre todas las premisas, no se debe subestimar la inteligencia popular, mirar a un costado, tomar un vuelo internacional y renunciar, como lo hizo Akly, que fue en definitiva el protagonista del único logro de este gobierno y sobre todo el de su peor fracaso.
Cronembold
La señora Claudia Cronembold no aguantó la responsabilidad de la presidencia de una empresa como YPFB ni un mes.
La carta de renuncia, sobrevalorada por quienes apuestan por la privatización de las empresas públicas en Bolivia, hablaba de trabas legales y administrativas que impedían que ella pueda lograr resultados inmediatos como lo exigía la emergencia.
Claudia Cronembold hubiera querido encontrar otra empresa, una que no tenga que enfrentarse a procesos internacionales por romper un contrato firmado por su antecesor y con disponibilidad de recursos para adquirir los aditivos necesarios para limpiar millones de litros de gasolina podrida y, probablemente, una empresa que pueda modificar la estructura administrativa sin afectar a muchos de los que ahora están porque apoyaron la campaña de Paz y Lara.
Es probable que su visión haya sido optimista, casi ideal. Esa visión podría ser aplicable a una empresa que deba crearse a partir de los conocimientos por experiencia o producto de modelos teóricos, pero no es el caso. Es lo que hay y es importante comprender que ese, de cualquier manera, será el punto de partida para las decisiones gerenciales, en un contexto de emergencia, sin recursos disponibles y con talento humano con habilidades adquiridas pero limitados en sus opiniones porque en realidad son sospechosos.
YPFB es una institución clave de la historia de Bolivia. En ella se pueden encontrar las huellas de las determinaciones más importantes que se han tomado por distintos presidentes del país. En todos los casos esas acciones tuvieron consecuencias.
Lo que se le pidió a la señora Cronembold, o probablemente lo que ella misma imaginó, era algo casi imposible de cumplir porque las urgencias siempre están por delante de las importancias y el Estado es ese complejo instrumento lleno de normas, procedimientos y jerarquías, construido en base a modelos ideales, cuya toma de decisiones debe realizarse ante todo con sentido común.
El Estado es el lugar en el que se acaban las especulaciones, en el que el tiempo es angosto y los ciclos solares marcan el ritmo de los resultados. Escuchar, procesar, actuar. Algo más, muy importante, tener voluntad y transmitirla con liderazgo, eso hace la diferencia.
Se entiende la renuncia de la señora Cronembold, viene de un mundo distinto, lo que también lleva a concluir que es necesario asumir que el Estado es real, sea como fuere y que más allá de llamarlo tranca o piedra o lo que fuera en Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia, es el Estado que las naciones de esta patria han construido para bien o para mal a través de una Asamblea Constituyente y también en un parlamento con diversidad representativa. No es necesario mencionar lo qué ocurre si se la manosea.
Este tríptico de protagonistas ha sido una señal que no puede perderse en el razonamiento de nadie en Bolivia, las tentaciones suelen ser peor que los pecados.





