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miércoles, junio 3, 2026
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Seis meses de la pesadilla que en algún momento fue ilusión

Cómo el Presidente se olvidó del país y se aferró a un proyecto en decadencia

Rodrigo Paz y Edmand Lara ganaron las elecciones con el 54% de los votos en segunda vuelta, dejando atrás una larga temporada liderada por el MAS. Su triunfo no fue uno cualquiera, sino que se alcanzó con el respaldo de indígenas, campesinos, obreros y clases medias cansadas del modelo que la última parte del MAS ha implementado desde el Gobierno Nacional. Pero incluso antes de ser posesionado, ya se había alejado de la idea de gobernar con el pueblo. A los seis meses, el mapa de su triunfo se ha olvidado. El Presidente cambió de rumbo y la nueva ruta apunta en dirección completamente opuesta.

En campaña prometió profundizar la democracia, la participación popular y gobernar con los de abajo. Sin embargo, en los hechos su gabinete se presentó sin indígenas ni representantes de sectores sociales, eliminando el impuesto a las grandes fortunas, acercándose activamente al FMI a pesar de la evidencia de sus resultados en la región y alineándose descaradamente con EE.UU. e Israel.

A pesar de la sorpresa, el giro no fue un desliz, sino más bien que su agenda económica ya tenía título, subtítulos y hasta conclusiones, pasando del fortalecimiento del sector productivo comunitario-popular, a consolidar facilidades para la gran agroindustria cruceña, sin pensar en las consecuencias nacionales que se le venían. Mientras tanto, el pueblo que había votado ilusionadamente por este binomio, pedía estabilidad de precios y soberanía alimentaria. Pero el gobierno le regaló a la CAO una ley que facilita la concentración de tierras, lo que fue la punta del ovillo que tiene hoy las consecuencias que se ven en las calles y en las carreteras.

La decepción popular no es por un capricho intransigente, es por la evidencia que el Gobierno Nacional ha demostrado con todas sus acciones. Los maestros han recibido negación frente a su solicitud de aumento salarial y no han tenido respuesta sino hasta que los encontraron en las calles. Los transportistas se han quejado a nivel nacional por los vehículos dañados por la gasolina basura, pero no han tenido respuesta a su demanda de compensación sino hasta que tuvieron que parar sus servicios a la población. El sector campesino ha visto sus tierras en riesgo por nueva legislación y ha tenido que salir a las carreteras y han recibido respuesta únicamente cuando han llegado a la ciudad de La Paz con una marcha pacífica. La COB se ha enfrentado a una persecución judicial por haber liderado las movilizaciones por las reivindicaciones nacionales. Todos los sectores que han apoyado la candidatura e impulsado la asunción al gobierno actual, hoy están en las calles. Mientras que los sectores que no apostaban por este binomio, hoy se sientan en la mesa de las principales decisiones políticas nacionales. El Presidente no gobierna para los que lo votaron, sino que dirige todos los esfuerzos para que los que no lo tenían como alternativa, hoy lo vean como opción nacional. El empresariado cruceño, que financió el golpe de 2019, hoy tiene línea directa con el Palacio Quemado a pesar de haber hecho campaña abierta contra el binomio ganador. 

En ese marco, el Gobierno Nacional lanza invitaciones de diálogo, mientras no demuestran respuestas claras a las demandas específicas de aquellos sectores que han depositado su confianza en este gobierno. El pueblo que bloquea las calles y las carreteras, recibe gases lacrimógenos y órdenes de captura mientras se transmite en cadena nacional un mensaje de diálogo desde la Casa Grande del Pueblo. El Gobierno Nacional invita al diálogo en la misma transmisión en la que tilda a los sectores movilizados como golpistas, vándalos y narcotraficantes. En estos días el propio Presidente dijo en un mensaje: “no supe acercarme a ciertos sectores”, cuando ya habían más de 50 puntos de bloqueo, casi un mes después del inicio de los conflictos y con una estrategia de desgaste mediático y de cansancio de las organizaciones

Los que conocemos el camino recorrido por Rodrigo Paz, no nos hemos sorprendido por el giro hacia la derecha. Pero nos entristece que el gobierno crea que puede imponer su lógica por la fuerza. La derecha internacional intenta salvar a un presidente que se hizo de izquierda, pero que desde un principio tenía su ruta alineada a un proyecto regional ultraderechista.

El resultado del experimento regional en Bolivia son 50 puntos de bloqueo en 7 departamentos, escasez de alimentos y combustibles. El Presidente quiso gobernar desde el escritorio, alejado de la realidad nacional, olvidando que en Bolivia el poder se construye desde las calles, con la gente, con las comunidades y con los sindicatos, un error de principiante, imperdonable para quien ganó con el 54%. 

Luego de la negligencia desde el primer servidor público del país, las demandas sociales ya no son solo económicas, son principalmente políticas. Después de haber denigrado permanentemente a las organizaciones de todo el país, la gente no pide limosna, pide participación real, no quieren un ministerio de “participación social” decorativo, sino que quieren ser escuchados. Mientras tanto, en lugar de entenderlo, el gobierno duplica la apuesta autoritaria y enfrenta la movilización con gases, balines y ahora armamento letal. Ese camino ya lo vimos antes y no termina nada bien.

Todo lo que hemos visto hasta ahora demuestra que este gobierno no naufragó por mala suerte, sino por soberbia, por creer que una mayoría electoral era un cheque en blanco para gobernar de espaldas al pueblo. Hoy la calle está hablando, ya no en formato votante, sino en modalidad protesta. 

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