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miércoles, junio 3, 2026
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150 días de una política exterior extraviada

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150 días de una política exterior extraviada

– La característica del gobierno de Rodrigo Paz es la improvisación. De hecho, ni el mismo presidente pensaba ganar las elecciones de 2025; fue la fuerza del campo popular que desbarrancó (una vez más) la estrategia de la derecha de hacernos elegir entre Doria Medina o Tuto Quiroga.

– Esta improvisación se explicita de manera elocuente en el campo de las Relaciones Internacionales. El presidente electo en segunda vuelta elije para la cartera de Relaciones Exteriores a un personaje sin antecedentes en política, ni en política exterior del país. Ser funcionario de segundo o tercer nivel en Naciones Unidas durante años, no es una condición suficiente para asumir una responsabilidad que requiere no sólo de una formación integral sino también -y principalmente-, de talento político (características ausentes en el actual inquilino de cancillería).

– Un primer traspié del ministro se da en la ceremonia de posesión del nuevo gobierno, cuando Ceremonial del Estado brinda mayor atención a la familia del presidente a juramentar, que a presidentes de países vecinos.

– Sin embargo, los mayores errores e improvisaciones en nuestra política exterior todavía estaban por llegar. Bajo el juego de palabras simplón de “Bolivia en el Mundo y el Mundo en Bolivia”, se dejaron de lado todos los antecedentes y premisas que guiaron la política exterior del país desde el año 2006 y que permitieron la presencia e incidencia de Bolivia en la política internacional.

– Como una de sus primeras tareas, el ministro planteó una reestructuración integral de la diplomacia boliviana, declarando que “debemos empezar a pensar desde la geoeconomía y en la diplomacia digital. Nuestras delegaciones no deben ser sólo políticas sino también comerciales”. Hasta la fecha, esa “reestructuración integral” se redujo a cambiar de nombre a un vice ministerio; todavía no se nombra a ningún embajador o embajadora en el extranjero.

– Más allá de las declaraciones, una de las primeras medidas de política exterior fue la de levantar el requisito de visa a algunos países, con Estados Unidos e Israel a la cabeza. Bajo el argumento de que esas naciones fueron incluidas en el régimen de visado obligatorio “por razones estrictamente políticas”, se dejó de lado todo principio de reciprocidad que caracteriza a estos procedimientos.

– En uno de sus primeros viajes al extranjero, el responsable de la política exterior se traslada a Washington, para encontrarse con el canciller israelita y reanudar relaciones diplomáticas con un país cuyo gobierno está denunciado por genocida ante la Corte Penal Internacional. “Ya no existen criterios políticos que frenen nuestro crecimiento ni nuestra relación con el mundo”, declaró.

– El pasado 3 de enero, frente a la agresión militar contra Venezuela por parte del gobierno de Estados Unidos (asesinando personas civiles y militares y secuestrando al Presidente Nicolás Maduro); la cancillería boliviana no tuvo mejor idea que sacar un comunicado señalando que “El Estado Plurinacional de Bolivia apoya de manera firme e inmediata (sic) al pueblo venezolano en este camino iniciado de recuperación de su democracia, de restitución del orden constitucional”. Expertos de Naciones Unidas calificaron ese hecho como una violación al derecho internacional y a la Carta de la ONU, y el Secretario General de ese organismo dijo que “La Carta consagra la prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”.

– Respecto a uno de los temas centrales de nuestra política exterior, como es la relación con la vecina República de Chile, cancillería buscó acercamientos para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Así, el presidente y su ministro viajaron a la posesión del nuevo gobierno chileno, con el objetivo de iniciar un “nuevo ciclo de relaciones bilaterales basado en el diálogo y el pragmatismo”. Buscando avanzar en el restablecimiento de relaciones, se lanza la noticia de un pronto nombramiento de embajadores. Sin embargo, tanto entusiasmo de parte de nuestros líderes no fue acompañado por el nuevo gobierno chileno que, más que nombrar embajadores, prefirió abrir zanjas y elevar muros en la frontera común. Tiempo después, la vocera que había anunciado el intercambio de embajadores perdió su puesto.

– Como uno de los últimos errores, luego de una declaración pública sobre el reconocimiento de las Islas Malvinas como territorio argentino, la Cancillería boliviana se vio interpelada y reprendida por el embajador del Reino Unido, quien, en conferencia de prensa frente al edificio del ministerio de relaciones exteriores, señaló que Bolivia estaba cometiendo injerencia en temas que no eran de su incumbencia. Nuestro ministerio sólo emitió un Comunicado, “tomando nota de las expresiones públicas emitidas por representante del Reino Unido”, recordando que “la cuestión de las Islas Malvinas es tratada por las Naciones Unidas como una situación aún pendiente”. Ninguna llamada de atención al representante; ninguna llamada a Cancillería para que explique su injerencia sobre una política exterior soberana de Bolivia. Total ausencia de dignidad o decoro.

– En resumen, podemos señalar que estos 150 día fueron de una política exterior a la deriva, débil, desorientada y errática, pero sumisa y alineada al poder y a la política exterior de los Estados Unidos.

– Cuando en un acto de sinceridad, en su discurso de presentación ante el personal de cancillería, el ministro decía que “tengo claro que la silla que voy a ocupar no es mía”, tenía razón en algo, luego de 150 días en el puesto podemos decir que la diplomacia no es lo suyo.

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