2.2 C
La Paz
miércoles, junio 3, 2026
spot_img

“Despierta Bolivia”: ¿A qué suena?

Susana Bejarano*

El cabildo “Despierta Bolivia”, realizado en El Alto hace pocas semanas y promovido por el senador suplente Nilton Condori, no fue un hecho que llamara la atención por su claridad política ni por la solidez de sus resoluciones. Incluso podría decirse que fue un encuentro caracterizado por el desorden.

En el cabildo se vieron agendas superpuestas, discursos por momentos vacíos y demandas que se diluyen entre muchas otras. No lograron centralizar lo más importante. Ni siquiera apareció con fuerza la defensa de la democracia ante el retiro de la candidatura de René Yahuasi a la segunda vuelta. Sin embargo, esto queda oculto en medio de una multitud dispuesta a manifestarse, incluso sin esas claridades, contra un gobierno que percibe lejano e incluso “traidor”.

Esta sensación no es gratuita, fue El Alto y las provincias de La Paz las que inclinaron la balanza electoral a favor de Rodrigo Paz, y son esas mismas bases las que hoy están fuera del esquema de gobierno.

Sin embargo, la relevancia del cabildo no está en su orden interno ni en la calidad de sus resoluciones, sino en la disposición de una parte de la sociedad a ocupar un lugar frente al poder. No se trata solo de un malestar momentáneo, sino de la expresión de una búsqueda de agendas y rumbos distintos a los planteados en el pasado y también en el presente inmediato.

La escritora Quya Reyna lo resumió con precisión: “no por Nilton Condori (…) sino por la predisposición de la población a ser contrapoder”. Esa es la clave. No el liderazgo, que podría calificarse como precario, improvisado e incluso disperso, sino el clima social que se va formando alrededor de un evento como este.

En esa línea, Wilmer Machaca aporta otra lectura: “hay una lectura hábil de la coyuntura (…) hay un vacío de liderazgo dentro del ‘bloque popular’”. Así, Nilton Condori no explica el cabildo; lo aprovecha.

El vacío no es menor. Tras la salida del MAS del poder y la pérdida de fuerza del liderazgo de Evo Morales, el hueco es evidente. Parecía que el vicepresidente Edman Lara podría ocupar ese espacio. Esa expectativa lo llevó a imponerse electoralmente por encima de Andrónico Rodríguez, quien contaba con mayor formación política, raíz sindical y origen popular.

Sin embargo, Lara no logró encarnar una agenda nacional. Fue una esperanza que hoy no se traduce en más que quejidos virtuales y escasa capacidad para administrar el conflicto interno con Paz.

Por su parte, el gobierno opta por fingir que no ve el fenómeno. Evita referirse al cabildo y se sostiene en encuestas de favorabilidad concentradas en el eje urbano, como si ese fuera el único termómetro del país. Pero Bolivia no se mide solo en ese eje, ni únicamente en encuestas.

Mientras tanto, también se observa una dinámica orientada a impedir la unidad de las organizaciones sociales, junto con acercamientos a parlamentarios de distintas bancadas, favorecidos por tensiones internas que aún no logran resolverse.

A esto se suma la falta de voluntad o habilidad política de lo que se denominó renovación y el desgaste de lo que fue la vanguardia.

El cabildo, en este contexto, es una pieza más dentro de una secuencia reciente: abrogación del 5502, bloqueos en La Paz, Oruro, Potosí y Santa Cruz, paro en Beni, marchas desde provincias paceñas, movilizaciones desde tierras bajas contra la Ley 1720, conflictos sectoriales por combustible y protestas urbanas.

Ninguno de estos hechos, por separado, configura una amenaza inmediata para el gobierno; pero en conjunto, dibujan un clima que les erosiona la credibilidad y pone en cuestión hasta su legitimidad.

Ahora, vamos a ser claros, existe el riesgo de que este escenario, sin liderazgo popular definido ni siquiera en disputa, termine favoreciendo a una opción más dura de derecha, como Tuto Quiroga. El vacío alguien lo llena y la gente podría converse que es mayor dureza lo que se necesita.

El error político del bloque popular es no procesar este contexto colectivamente y priorizar intereses individuales. Fue el bloque el que abrió el nuevo ciclo político fue su voto el que lo hizo. El error de Rodrigo Paz fue creer que podía prescindir de lo popular para transformar el país.

Más aún cuando una parte importante de la población no votó para desmontar avances, sino para corregir rumbos.

Por eso, las triquiñuelas para lograr mayorías legislativas no estabilizan el escenario; lo tensan más. No resuelven el problema de fondo que es la falta de representación.

El cabildo, con todas sus limitaciones, deja algo claro que existe una reserva de movilización social todavía intacta. Hay organizaciones que, aun sin liderazgo definido, pueden convocar. Hay una energía latente.

No estamos ante una caída inminente del gobierno. Pero tampoco ante un escenario de normalidad. El río no se ha desbordado. Pero está sonando. Y en política, cuando el río suena, lo irresponsable es no escucharlo.

*Politóloga y periodista

Related Articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

NUESTRAS REDES

416FansMe gusta
0SeguidoresSeguir
0SuscriptoresSuscribirte

LO ÚLTIMO