“Solo cuando ha eliminado a su solemne adversario, cuando él mismo se toma en serio su papel imperial y cree representar, con su careta napoleónica, al verdadero Napoleón, se convierte en víctima de su propia cosmovisión, en el bufón serio que ya no toma la historia universal por comedia, sino a su comedia por una historia universal” Marx.
Jiovanny E. Samanamud Ávila
Se podría pensar que una coyuntura como ésta es favorable a los intereses del campo popular, una vez que la primera confrontación contra el gobierno logró resultados y que, a seis meses de su gestión, el desgaste resulta muy evidente. Sin embargo, no nos engañemos, dejarse llevar por lo que acontece, sin un balance sobre el cómo es que llegamos a ésta situación, puede arrastrarnos a una vorágine aún más desventajosa para el campo popular.
¿Cómo encaramos dicho balance? En principio, lo que esta coyuntura representa en términos de su configuración política es una ausencia en el campo político de la representación del bloque popular, llenada por lo que pudo sobrevivir o emerger como alternativa. Pues sí, es una forma de decir que lo que tenemos delante es un accidente histórico.
¿Cómo caracterizamos un accidente histórico? Como la expresión de una ruptura que nadie atino a dimensionar. Lo que puede establecerse como una clara hegemonía política del bloque popular, fue sin duda la efervescencia que llevo al MAS-IPSP a comandar un momento político singular. Ese momento, ha dejado de existir tal y como lo conocíamos y ha pasado a transformarse, sin que un balance político adecuado lo pueda perfilar.
Tal vez allí radica el problema, no conocemos el momento aproximado de su ruptura y no podemos dimensionar el estado actual de su fragmentación. Si tomamos en cuenta el dato duro de que el MAS-IPSP, no tiene ninguna incidencia política mínima en los acontecimientos políticos actuales, es que los hechos, como de costumbre, se adelantan a los discursos.
Dejemos para otro momento las explicaciones de porque se dejó ese vacío, simplemente, para dejar el balón picando, diremos que, un vacío puede suponer o que intencionalmente se decidió no seguir ocupando ese espacio o, que las acciones planificadas terminaron produciendo un efecto contrario. Me inclino por la segunda alternativa como la más adecuada para entender el vacio, pero por ahora, avancemos en lo otro.
Un accidente histórico, supone una consecución de eventos imprevistos cuyos antecedentes inmediatos expresan discontinuidad. Lo que caracteriza a la configuración de un campo politico es su duración en el tiempo, su consistencia y previsibilidad están en función de su regularidad, cuando esto ya no es posible entonces surge lo imprevisto, y, en este caso, las alternativas de representación política en una coyuntura como esta nos aparecen como accidentes.
Venimos de imprevistos desde el 2019, cuando luego del golpe “blando”, se eligió a Yanine Añez cómo presidente del Estado Plurinacional, pese a no figurar en ninguna agenda política. La elección del binomio del MAS-IPSP para las lecciones del 2019 Arce-Choquehuanca, tampoco era imaginable. Lo que sí, no se puede negar, es que la elección de Choquehuanca si mantuvo un hilo de continuidad con los consensos generados en el campo popular, luego de los acontecimientos de octubre y noviembre del 2019, pero el binomio es una mera emergencia de ese momento.
Aunque, la apuesta fue colocar a un candidato como Arce para retomar la senda del control del gobierno una vez se pase esa “transición”, los resultados fueron totalmente inesperados para la facción que eligió a Arce-Choquehuanca, pues estos terminaron impulsando el proceso que termino quitándole el control del partido al propio Evo Morales e impidiendo su candidatura. Esto tampoco estaba en los planes de casi nadie.
Por último, la misma candidatura a la presidencia del MAS-IPSP del ex ministro de Gobierno de Luis Arce, la expulsión del partido de Luis Arce Catacora y por último la elección del binomio Paz-Lara, no solo son anécdotas, expresan la regularidad de lo imprevisto. Entonces, cabe aquí una pregunta ¿porque estamos asistiendo en estos últimos cinco años a una suerte de imprevistos históricos?
No queremos decir que la regularidad en el campo político es sinónimo de ausencia de casualidades, pero un tipo de descontrol tan marcado ya no es usual dentro de una configuración histórico política, cuando la regularidad ya no es la regla.
Un accidente histórico supone también, una configutación débil, una no correspondencia entre la representación y lo representado. Esta especie de corto circuito en el campo político, puede sumir la forma de descontrol y, por tanto, pueden configurase escenarios políticos demasiado disruptivos.
Ante esta situación paradójica donde lo regular es lo imprevisto, todo aquello que emerja de esta coyuntura no podrá evitar este carácter, es decir una relativa aleatoriedad de las alianzas o pactos políticos. La aparición de figuras disonantes o disruptivas, con discurso radicales y demagógicos a la vez, es otra tónica que expresa este carácter.
Esta coyuntura, sin duda, es la que caracteriza al gobierno de Paz-Lara. Pero hay más, para que un gobierno pueda mínimamente tener algún éxito por muy exiguo que sea, tendría que tener alguna pizca de realidad, y esto quiere decir, bajo nuestro diagnóstico, que debe asumirse como un “accidente histórico”, vale decir que tiene que ser consciente del conjunto de coincidencias que lo llevaron al poder. Pero, muy pocos asumirían este realismo histórico como parte de un diagnostico político, y por el contrario asumirían al accidente como una necesidad “merecida”.
Entonces, nos hallamos delante de varios dilemas cuyo desenlace no resulta fácil de anticipar, pero como situación paradójica es posible de ser perfilada. Es muy probable que pese al deterioro acelerado del gobierno de Paz-Lara, su debilitamiento configure un sin número de articulaciones políticas imprevistas, no se visualiza una salida consistente, cualquier futura configuración de poder no podrá evitar este carecer de imprevisto.
Esta coyuntura, no es una novedad para los dirigentes del campo popular, ellos son conscientes de que, si la estrategia de desgaste lograra sus frutos, y por poner un ejemplo, la agenda de aquellos que quieren jalar la correlación de fuerzas a un escenario de salida del gobierno de Paz-Lara se concretara, saben e intuyen que luego de eso el vacío persistirá.
Ante este escenario, el surgimiento y la profundización de posturas mesiánicas no es una novedad. Además, existe otra cosa aún más importante, el vacío no solo es de representación, sino de la expresión política de una “verdad histórica”. Pero no en términos esencialista, sino en términos de la expresión de los problemas que soportan los sujetos del campo popular. Es decir, la coyuntura política contiene una diversidad de problemas reales cuya sola enunciación permite articular un bloque social, como ésta no puede ser enunciada, por la ausencia de representación, esto deja vía libre para que aquel que logre expresarla o mínimamente hacer creer que la expresa, pueda obtener una credibilidad política capaz de trocarse en un capital político susceptible de acumular adherentes. Estamos entonces en la coyuntura del accidente histórico, una zona difusa y compleja para construir las bases de un futuro político más consistente para la política y los intereses del campo popular.





