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miércoles, junio 3, 2026
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Ají Colorado

Quiero comenzar este texto abrazando el nacimiento de este espacio, Ají Colorado. Palabras picantes. Diría también palabras libres y palabras cuestionadoras.

La celebración tiene que ser doble porque, por un lado, la crisis global en la que ha ingresado hace un tiempo ya el sistema mediático tradicional con las nuevas coordenadas de este esquema digital y los procesos de achicamiento y achatamiento a los que están siendo arrinconados (particularmente los medios periodísticos) hace difícil la puesta en marcha de una propuesta mediática cuando la tendencia en el mundo es la reducción y la desaparición. 

Por otro lado, hoy en nuestra “Bolivia, Bolivia, Bolivia”, no contamos con un abanico plural de medios informativos y de debate. Hoy nos apunta la crisis económica nacional que ya ha tocado las puertas de varios medios tradicionales y los ha puesto en jaque.  Si sumamos la euforia digital con sus nuevas sonajeras en red que ha sacado de carrera a más de un medio (o lo ha dejado como un muerto viviente, arrastrándose sin alma), la carrera se vuelve de subida. En ella solo corren con relativo éxito los medios ligados a otros negocios, participan de ella solo los que pueden pagarse la entrada al estadio de las grandes audiencias. Son los competidores con padrinos publicitarios o con dinero a secas. No está mal, pero son los que están y estos que están definitivamente no alcanzan para reflejar el vitral identitario, cultural, político, socioeconómico de la “Bolivia, Bolivia, Bolivia” por la que estamos transitando. Nuestro actual sistema de medios nos queda chico, limitado y, a momentos, limitante. De ahí que todos los pedazos que no encajan terminan construyendo nidos infinitos en el sistema paralelo de las redes sociales. Y allí sí que habita el desmadre, la libertad emborrachada, el odio, la desinformación, la información veraz que los medios tradicionales y pudientes no dejan entrar por cálculo, o sea, los minicontenidos al alcance de la mano que construyen hoy nuestros sentidos colectivos. En la pantalla del teléfono está todo: la salvación y el infierno; la falsedad y lo cierto pero prohibido en los medios hegemónicos; la gente expresándose sin filtro; la gente reflexionando con lucidez; la gente introduciendo humor a las situaciones más dramáticas; la gente odiando con todo su corazoncito… Así las cosas, las redes no cubren esa función todavía necesaria de informar y promover espacios de debate con un marco profesional para la información y plural para el debate público. 

Por todo lo anterior y por más, Ají Colorado es una buena noticia. De hecho, a los días de su nacimiento se anotaron un gol de media cancha: la incorporación del agudo lápiz de Al-azar. Sí, es el caricaturista que estuvo en los últimos años en el periódico La Razón. Lo mejor que tuvo este periódico paceño. Saber que el silencio de Alejandro Salazar duró poco y que seguirá ofreciendo ensayos políticos en una sola imagen es como para organizar una fiesta. 

Entrevisté hace poco a dos miembros del colectivo que empuja este proyecto picante y colorado. Afirmaron, sin ponerse colorados, que sus enaguas son de izquierda y que varios de ellos vienen de la política o de la militancia se izquierda. Nada nuevo, estamos de acuerdo. Todos los medios tienen propietarios con intereses o tienen una posición ideológica y desde allí construyen sus contenidos. Lo raro en el caso boliviano es que se lo transparente desde adentro. Contadísimos medios tienen ese gesto elegante con las audiencias.

Una vez expuestas las manq’anchas (del aimara manqha, “por debajo” o “por dentro”) de este Ají Colorado, se desea que “lo de arriba” o “lo de afuera” luzca polleras largas y sobre las rodillas, mantas, trajes y corbatas, tipoyes, tacones, abarcas, camisetas, jeans, boinas, sombreros de saó, chompas alpaqueadas y escotes atrevidos con lentejuelas. Se desea que sean múltiples las voces, que sean diferentes las miradas mientras sean portadoras de ideas y no de broncas o intolerancias milenarias. Lograrlo no es fácil cuando los nueve departamentos que nos contienen persisten en la polarización política y en los tics racistas y discriminatorios. Actores políticos, económicos, sociales y hasta mediáticos se empeñan en poner cada palabra, cada gesto, cada pensamiento, de un lado u otro de la muralla que divide, que solo divide. Se desea, por tanto y pese a tanto, que Ají Colorado sea el ingrediente picante que convoque a masticar las diferencias, a saborear los acercamientos, a digerir los desencuentros.

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