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La Paz
miércoles, junio 10, 2026
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Ta-ta-ta-ta-ta-ta…

Imposible escribir sobre otro tema que no sea la espiral de esta incertidumbre que nos ha traído hasta aquí. “¿Qué pasará?” es la moneda que intercambiamos en los espacios por los que transitamos a lo largo de las semanas. Las interpretaciones en el fondo pueden ser variadas según las plaquetas de la sociedad. Sin embargo, priman en los terrenos de “lo público” los que condenan a los bloqueadores y los bloqueadores que reivindican  sus bloqueos, para decirlo corto. Para decirlo más largo podemos referirnos, por un lado, al relato de las fuerzas que encarnan los verdaderos valores de la democracia y la racionalidad contra los bloqueadores que encarnan el autoritarismo, la irracionalidad, la inhumanidad, la ignorancia y la violencia de esas minorías bajo las órdenes de Evo Morales buscando desestabilizar el orden democrático. Y está el otro relato: todo un bloque popular que en una gran medida votó por el binomio “Paz-Lara”, se sintió traicionado por Rodrigo que desplumó a Lara desde el día uno, tomó varias fichas de la estructura de Doria Medina, miró hacia las élites que no votaron por él, tomó medidas para contentarlas olvidándose de sus votantes que a los seis meses bloquean el país y piden su renuncia.  

En el espacio que separa estos dos polos existen puntos intermedios (no muchos) con menos eco en el griterío público. Ejemplo: un texto del economista Javier Gómez que nos plantea “la geografía invisible de los bloqueos” donde explica la existencia de una superposición de economías, legales, informales e ilegales que disputan el control del territorio boliviano. Según Gómez, en esta cartografía del poder, principales puntos de bloqueo coinciden con históricos corredores de circulación de mercancías, zonas extractivas, zonas de economías informales, rutas de contrabando, de narcotráfico, minería, “estructuras corporativas locales”. La descripción no es descabellada. Lo que la puede dejar semicalva es pensar, como lo afirma a continuación, que atrás quedó la disputa ideológica entre izquierda y derecha o entre movimientos sociales y Estado. Que la narrativa de lo nacional popular no alcanza. Por qué no considerar más bien que el mapa económico que pone sobre la mesa es un elemento que tiende a completar el otro mapa: el de la tensión entre un mundo popular con núcleo en lo indígena (con sus variadas y desiguales ramificaciones) y un mundo de burguesías y élites (con núcleo no indígena o antiindígena, que no es lo mismo) que hasta el 2006 controlaron el aparato estatal. No es solo un asunto de bonanza o desaceleración económica; no es solo una fragmentación del poder territorial en esta intersección de legal/informal /ilegal; no es solo el decreciente control estatal de territorios. Es todo a la vez bajo la sombra del obscuro alba colonial: el racismo, la discriminación y la miopía ante la otredad.

Así, o de otras maneras, podríamos entrar en el debate público sobre el conflicto boliviano que hoy nos tiene entre la carretera y la pared, entre el “paro movilizado” y la carencia de casi todo. Podríamos multiplicar y democratizar los espacios de encuentro o desencuentro de ideas y no de pieles. Podríamos generar escenarios para desenmarañar este ch’enko que no comienza con Rodrigo Paz, no comienza con los cinco años de Arce o el año de Añez o los 14 de Evo Morales. No comienza en la Guerra del gas o la Guerra del agua, no se inaugura con las alfombras de piedras de Felipe Quispe ni el cerco de Túpac Katari. Comienza cuando se clavó un mundo sobre otro, cuando se montó alguien sobre las espaldas de su semejante para que le sirviera de mula. ¿Y para qué molestarse en ir tan lejos en el tiempo? Es más fácil volver al ring actual de bloqueadores versus bloqueados. Arrinconarnos en la lógica de la polarización. Mirar un box desigual ya que las voces predominantes (hoy) de la política y las voces predominantes (siempre) de los equipados medios ligados a propiedades con intereses políticos o económicos tienen los parlantes de su lado. La canción es la misma: la cumbia de la descalificación de los sectores populares que hoy demandan, se manifiestan, bloquean, paran, piden la renuncia de  Paz como si este momento doloroso solo tuviera el bando de los “buenos demócratas ” y el bando de los “malos, ignorantes y violentos”. La cantan autoridades, legisladores, cívicos, algún vocero eclesial, empresarios, periodistas, analistas, presentadores del entretenimiento… Los coros se escuchan en las plazas, en el minibús, en las filas de la gasolina, de los pollos o de los huevos. Ayer una vecina  me dijo: “Estos no nos dejan vivir”. Terminó afirmando: “Yo no los odio. Pero nos están rompiendo los nervios. De una vez: el gobierno tiene que meter bala. Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… No hay otra, lastimosamente”. Madre mía.

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