Detrás de la retórica de Rodrigo Paz de “destruir el pasado” se esconde el peligroso intento de restaurar el viejo orden republicano que excluyó a las mayorías.
El debate político actual en Bolivia ha quedado al descubierto. No se trata de una simple discusión sobre gestión económica; se trata de una lucha histórica y estructural: la defensa del Estado Plurinacional de Bolivia frente al intento de restauración de la vieja República.
El presidente Rodrigo Paz insiste en una narrativa centrada en romper con los últimos veinte años, catalogándolos de manera uniforme como un lastre. Sin embargo, esta retórica es una trampa ideológica. Lo que Paz pretende vender como “modernidad” y “futuro” es, en realidad, un boleto de retorno a ese pasado colonial, republicano y de opresión donde el poder y la riqueza estaban concentrados en unas pocas manos.
La Constituyente: El pacto que sepultó la exclusión
Para entender lo que hoy está en juego, es imprescindible recordar que el Movimiento al Socialismo (MAS) articuló un quiebre histórico a través de la Asamblea Constituyente (2006-2008). Ese no fue un simple foro de abogados, sino el epicentro político donde las mayorías indígenas, campesinas y populares redactaron un nuevo contrato social.
De ese proceso nació el Estado Plurinacional, blindando tres principios que la vieja república jamás toleró:
Plurinacionalidad y Dignidad: El reconocimiento constitucional de las 36 naciones indígenas, devolviéndoles la condición de ciudadanos con derechos plenos a quienes la República civil trató como mano de obra barata.
El Vivir Bien (Suma Qamaña): Una filosofía comunitaria que antepone la armonía colectiva y el respeto a la Madre Tierra por encima de la acumulación ciega del capitalismo individualista.
Soberanía y Redistribución: El control absoluto del Estado sobre los recursos naturales estratégicos para que la riqueza nacional financie bonos sociales, y no los lujos de las élites palaciegas.
El plan de Marinkovic
La máscara de este proyecto restaurador se cae por completo cuando observamos las propuestas de sus aliados de clase, como el senador Branko Marinkovic, quien ha planteado abiertamente la necesidad de “abrir” la Constitución bajo el pretexto de que fue hecha “a la medida de los sindicatos”.
Este ataque al andamiaje plurinacional no es casual. El verdadero propósito económico de volver a la lógica republicana es demoler el Artículo 398 de la Carta Magna, el cual prohíbe el latifundio y limita la propiedad agraria a 5.000 hectáreas.
Las élites del agronegocio necesitan destruir el Estado Plurinacional para legalizar megasuperficies de tierra, desproteger la pequeña propiedad comunitaria y expandir un modelo agroexportador sin ningún tipo de control social o ambiental.
El pasado que ellos añoran
Cuando Rodrigo Paz habla de “destruir el pasado”, no se refiere a la crisis actual; se refiere a destruir los derechos conquistados por el pueblo.
El modelo republicano que añoran es el de la Bolivia previa a 2006: un país centralista, privatizador, que gobernaba de espaldas a sus raíces y reprimía la protesta social.Defender el Estado Plurinacional es defender la memoria acumulada, la inclusión y la soberanía del país. Intentar demoler esta estructura para restaurar la República de la opresión no es mirar al futuro; es revivir los históricos escenarios de exclusión que el pueblo boliviano ya decidió dejar atrás para siempre.





