martes, octubre 27, 2026

Siamo tutti antifascisti

El título de este texto es una de las consignas que unieron en estos días a cientos de miles de manifestantes en principales ciudades de Francia con llamativos ecos en otros países europeos. El origen más visible es la bronca por la degradación de las condiciones de los liceos franceses. Las y los jóvenes exigen la mejora del sistema educativo, que se presenta saturado y con poco personal, sin la necesaria contratación de profesores; la renovación de los centros educativos; el incremento de la cuantía de las becas y mejores residencias estudiantiles entre otros reclamos como el sistema universitario Parcoursup que parece sobrepasado por la cantidad de bachilleres que buscan un lugar en la universidad y ven que los criterios de selección no son del todo claros ni justos.

Esta revuelta comenzó el 17 de septiembre en las afueras de París y  se ha expandido a nivel nacional. Las principales ciudades se han visto vestidas de juventud que pide atención en la educación a un poder francés que tiene costosas obligaciones en el financiamiento de la guerra ruso-ucraniana. De los liceos a los principales lugares públicos, como inquietantes espejos, las manifestaciones de jóvenes han tomado protagonismo y han dejado en claro que son principal asunto en la agenda política del presidente Emmanuel Macron.

La contraparte en las calles es, claro, la fuerza policial. La desproporcionalidad con la que los uniformados actuaron, lo vimos en innumerables videos, ha dejado graves heridos. Uno de los casos más dolorosos es el de un estudiante de 15 años al que una granada aturdidora le arrancó la mano. Hay más casos. Lejos de apagarse el enojo, los estudiantes en las calles se multiplicaron con cada vez más escudos humanos: salieron a protegerlos las y los profesores, mamás, papás, autoridades como un alcalde que se enfrentó a los policías, universitarios y, de manera más organizada, obtuvieron el apoyo de sindicatos como la Confederación General de Trabajo (CGT) y de formaciones políticas como el Partido Socialista (PS) y La Francia Insumisa (LFI) del izquierdista Jean-Luc Mélenchon. Se armó la gorda. 

La gorda no va a descansar todavía porque el 17 de octubre se reunieron en la calle de las cuatro esquinas del país los estudiantes de liceo, los universitarios, los chalecos amarillos que ya pusieron hace un tiempo en jaque al poder, trabajadores, militantes climáticos, agricultores, bomberos, profesores, ciudadanas y ciudadanos que creen que la carestía de la vida no es normal. El perfume mayo 68 se vuelve a vender en las esquinas.

Como todo, lo que se ve en medios tradicionales y sobre todo en redes, se anota. Anotamos entonces masas en las calles y miles de policías que no saben bien cómo controlar sin mutilar; anotamos comentaristas en medios tradicionales que intentan criminalizar la protesta y otros que denuncian los excesos policiales; anotamos una explosión de videos que ponen en nuestros teléfonos las mil caras de una Francia que volvió, literal, a tomar la Bastilla; anotamos la presencia en un debate televisivo de un profesor jubilado que cita a Victor Hugo para describir el estado de ánimo del Hexágono: “Los que viven son los que luchan.”La extrema derecha, bajo la marca Le Pen, sigue sumando lecturas como la de Trump basadas en el rechazo de las izquierdas, de las migraciones, nostálgicas de una Francia blanca con boina roja y pan baguette bajo el brazo. En las calles, por ahora, jóvenes de todos los colores de piel gritan: “queremos estudiar para no volvernos policías”, que repiten entre rítmicos aplausos: “¡Siamo tutti antifascisti!”. En las afueras de la Alcaldía de París una orquesta dirigida por un estudiante de origen asiático interpreta con sinceridad y esperanza La Marsellesa. La misma orquesta se apropia después de la composición de Inti Illimani para hacer corear a ese pueblo joven, en un claro castellano: “el pueblo, unido, jamás será vencido; el pueblo, unido, jamás será vencido”. Dijimos que estas chicas y chicos no saben nada fuera de la burbuja de Tik Tok y parece que las juventudes francesa, italiana, alemana, belga, chilena, argentina, las juventudes sin fronteras, se las traen. Ojalá, como diría el buen Piero. Ojalá.

OTROS PICANTES