martes, octubre 27, 2026

El colapso moral de los pititas

En los últimos días, el gobierno de Rodrigo Paz secuestró al Fiscal General, intervino con policías las fiscalías departamentales y amenazó a toda la sociedad diciendo que quienes estén en contra del gobierno son parte del crimen organizado y, por tanto, serán combatidos. 

Horas después, la Asamblea Legislativa sesionó con una mano en alto para votar y la otra atenta al QR del celular. Con la supervisión de las embajadas de Estados Unidos, Argentina y Perú, el oficialismo decidió que, si la ley les exigía seguir el debido proceso para enjuiciar al Fiscal General, lo que se debía hacer era cambiar la ley. Peor aún, violaron el principio de retroactividad y usaron la nueva ley para destituir a una autoridad elegida por dos tercios, evadiendo el juicio de responsabilidades, el código penal, el debido proceso y la CPE.

Esta es la segunda vez que esta Asamblea Legislativa va en contra de la CPE, la aprobación del crédito del FMI fue la primera puesto que el artículo 320, inciso IV, establece que Bolivia no aceptará condicionamientos externos de ninguna índole en su política económica. 

Vulnerar la CPE, injerencia del ejecutivo en el judicial, vulneración del debido proceso, ruptura de la institucionalidad modificando leyes acordes a sus intereses políticos e injerencia de países extranjeros en política nacional, en solo 10 meses el gobierno se ha vuelto en un excelente objeto de estudio sobre democracias que se vuelven en regímenes autoritarios. 

Pero más interesante aun es ver a los intelectuales, medios de comunicación, “analistas” y “expertos” en democracia, economía y política intentar justificar cada acción del gobierno. La clase media se ha desnudado y nos muestra su ser acomplejado, su incapacidad de ser coherente y su angurria de poder. 

Se justifica la injerencia de poderes con un académico “es que igual se tenía que hacer”, el endeudamiento del país con un virtuoso “¿y que más querían que se haga?”, la vulneración de la CPE con un “es que la CPE está mal” y la violación al debido proceso con “es que tenemos las pruebas, ya las vamos a presentar”. 

Sienten vergüenza de defender lo que están haciendo, pero insisten porque al final para eso querían ser gobierno: para recuperar sus privilegios, enriquecerse a plan de QRs, lotearse el Estado y sus empresas, probar de nuevo el poder para sentirse superiores. Han colapsado moralmente, como el adicto que vuelve al vicio después de “20 años” de sobriedad.

Hacemos bien en recordar y recordarle a la clase media que nunca tuvieron ninguna superioridad moral, que sus títulos jamás los hicieron mejores personas o mejores administrativos. Nunca lucharon por la democracia, la justicia, la patria o el medio ambiente, robaron banderas que nunca fueron suyas para disfrazarse y ni bien llegaron al poder se desnudaron, su ambición les ganó y ahora se aferran a la silla a toda costa. 

Su decadencia moral es el primer efecto de una derrota ideológica más profunda, la cual fue resultado de su incapacidad de imponer su visión de Bolivia como hegemónica. Bolivia nunca más será su hacienda y nosotros jamás volveremos a ser nadie.

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