martes, octubre 27, 2026

El brutalismo político: made in Bolivia

Desde el 8 noviembre de 2025, en Bolivia, se ha instaurado un régimen que busca imponer una narrativa del rechazo al “otro”, de la descalificación y estigmatización de personas y procesos políticos, del odio político, el reduccionismo del “bien contra el mal”, la exposición del odio y repulsa al diferente, de lanzar consignas y diatribas sin sustento ideológico ni técnico, difundir en medios y redes noticias falsas buscando generar descontento o indignación, acudir al insulto y la descalificación personal y colectiva contra los opositores políticos. Eso es lo que se conoce como brutalismo político, muy propio del trumpismo y de las ultraderechas regionales, y del cual es pupilo aventajado el régimen de Rodrigo Paz. 

Ha vuelto a florecer en el país, de manera pública y descarnada, el racismo y la discriminación, adjetivando peyorativamente a quien tiene la piel morena o simpatiza por una opción política distinta y opuesta al neoliberalismo, se pretende disimular ese racismo y discriminación con el exabrupto de “masista de mierda”, en vez del segregacionista y abyecto ultraje republicano de “indio de mierda”.

En este país se pretende instaurar el brutalismo político, que no es otra cosa que la degradación y prostitución de la política y de lo político, los funcionarios del régimen de Rodrigo Paz, incluido su asesor principal y personal Fernando Cerimedo, se esmeran en utilizar un discurso plagado de falsedades utilizando además un lenguaje procaz, buscando la confrontación directa con el pueblo trabajador, muestra de ello es culpar, de todos los delitos, errores y fracasos en los que incurren el propio gobierno de Paz, sus familiares directos y sus funcionarios, a los trillados y ya poco creíbles “veinte años”. 

También es una de las expresiones de esa forma de gobernar, la implantación del “estado de excepción”, que no es más que la imposición por la fuerza bruta, de sus medidas neoliberales, con el fin de favorecer a las élites oligárquicas parasitarias, para que la crisis económica la paguen las mayorías populares que apenas tienen para llevarse un pan a la boca.

El régimen neoliberal ha descartado cualquier posibilidad de diálogo como forma de resolución de los problemas y ha optado por el uso de la fuerza y la imposición de sus intereses, incluso por encima y en contra de los mandatos constitucionales y legales. El régimen dejó de lado el cumplimiento de la formalidad legal y del diálogo, para ejercer la represión dura, la privación de libertad y la amenaza constante contra quienes piensan diferente.

Para lograr imponer el modelo que le exige el Fondo Monetario Internacional-FMI, el régimen sataniza a todo tipo de oposición política, con la pretensión de dirigir la frustración popular contra quien piensa distinto o expresa una oposición al modelo neoliberal que trae bajo el brazo el gobierno, modelo neoliberal que ya fracasó rotundamente en Bolivia en las dos últimas décadas del siglo pasado e inicios del actual siglo XXI.

El régimen utiliza una narrativa radicalmente falsa contra los opositores. No tiene reparo alguno en calificar de “vándalos” a los sectores populares que defienden la soberanía y los recursos naturales de Bolivia, simplemente los descalifica y descarta dialogar con el pueblo; es decir, lanza el mensaje que no habrá dialogo con los sectores populares que se oponen al modelo neoliberal empobrecedor y saqueador que quiere imponer el FMI mediante el régimen de Rodrigo Paz. En otras palabras, desahució la posibilidad de que en el país haya debate entre las diferentes opciones políticas, como se supone debe existir en un estado democrático.

Pero la descalificación del otro, de desacreditar al que piensa diferente, no queda ahí, el ministro de gobierno, Marco Antonio Oviedo, lanzó una amenaza expresa y pública contra el pueblo, al más puro estilo de las dictaduras militares de los años 80s, a nombre del gobierno declaró que “o están con la ley o están con el delito”, añadiendo el calificativo de “narcoterroristas” a quienes no se sometan a las ilegalidades, arbitrariedades y abusos del gobierno. De esa manera el pueblo, que es el soberano en un estado democrático, ha sido tachado por el gobierno de Paz de “narcoterrorista”, más aún si el pueblo hace público y se moviliza para defender los derechos de los bolivianos, para defender la soberanía del país, la integridad territorial y los recursos naturales del país; en resumen para el régimen de Rodrigo Paz es “narcoterrorista” quien defiende la soberanía y los intereses de Bolivia.

Para que no quede dudas del retroceso democrático en el país, el gobierno de Paz ha sacado a relucir su talante autoritario y conculcador de la Constitución y las leyes. Apartándose de las normas y procedimientos jurídicos, desconociendo flagrantemente los reglamentos institucionales, se dedicó con cuerpo y alma a montar el caso de la ilegal cesación del cargo del Fiscal General del Estado, para designar un espurio Fiscal interino, que le sirva además como sicario judicial, con el que pretende dejar sin efecto los procesos penales en curso contra el delincuente internacional, el libertario Fernando Cerimedo, fabricaron toda esa tramoya para cumplir las órdenes de Donald Trump, al cual el régimen de Paz está completa y voluntariamente sometido. Se violentó toda la normativa institucional del Ministerio Público, también con el fin de impedir procesos penales en contra de los familiares más próximos del presidente y de sus ministros, por los delitos que cometieron en la actual gestión de gobierno.

La destitución del Fiscal General tiene tintes de golpe de estado institucional, con la finalidad de encubrir y hacer desaparecer las pruebas de los delitos del gobierno de Paz, además pretenden que no quede evidencia de las acciones irregulares de Fernando Cerimedo en distintos países de Latinoamérica, donde existen indicios de haber manipulado información y datos para hacer posibles las victorias fraudulentas de la ultraderecha en la región.

Para todas esas acciones ilegales, el pretexto que usa el gobierno es el de la seguridad, a través del denominado “escudo de las américas”, que en realidad es un contubernio de algunos gobiernos neoliberales de la región sometidos a Trump, por lo que queda claro que el argumento de “seguridad” es para cuidar los intereses de los EEUU y no los intereses de Bolivia.

El propósito y el accionar del régimen de Paz pone en evidencia que los bolivianos no importan, que los que importan son los estadounidenses. Es el mayor sometimiento y traición a los bolivianos en décadas, los países latinoamericanos que integran el “escudo de las américas” tienen una fidelidad canina a Trump y aceptan el papel de simples capataces del imperialismo en nuestras tierras.

El gobierno neoliberal de Paz busca normalizar la injerencia de los EEUU en el país, y pretende mostrar y equiparar que el interés de los estadounidenses, es el propio interés de los bolivianos, cuando en la realidad la historia nos muestra que el único interés de los EEUU es saquear nuestros recursos naturales para su provecho, dejando a los bolivianos en una profunda miseria y atraso.

Para justificar todas sus acciones, el régimen de Paz hace una labor de propaganda, intimidación y amenaza constante contra el pueblo boliviano, el ministro de Gobierno, el ministro de la Presidencia, el ministro de Defensa y el Vocero presidencial hacen el papel de matones mediáticos por instrucciones de Rodrigo Paz, el gobierno se convirtió en una derecha neofascista, antidemocrática, violenta y represiva.

En Bolivia, no se puede ocultar la realidad actual, vivimos en tiempos del brutalismo político neofascista, alimentado y sostenido por el gobierno de los EEUU y por los resabios del neoliberalismo fracasado del siglo XX, que subestima, desprecia e insulta la inteligencia y la capacidad de resistencia y lucha del pueblo boliviano.

Los bolivianos tenemos en nuestra memoria las dolorosas y sangrientas experiencias neoliberales del pasado, donde imperaba la persecución, el desempleo, el hambre y la violencia que dejaron como legado los Paz (Víctor y Jaime), Banzer, Goni, Mesa y demás especímenes antibolivianos, que ahora es replicado por el gobierno de Rodrigo Paz, ejerciendo el humillante papel de sirvientes de los intereses del imperialismo estadounidense.

En la historia quedó claro que los bolivianos no somos ni “vándalos”, ni “narcoterroristas”, somos un pueblo honesto y bien parido por esta tierra morena y que pondremos el pecho frente al neoliberalismo racista, saqueador, corrupto y represor. Nuestro campo natural de lucha son las calles y carreteras, que se convierten en las trincheras sociales de la resistencia y de nuestra próxima victoria, no cederemos espacio alguno para luchar por la soberanía plena de Bolivia, no aceptamos amos ni patrones, somos un pueblo de hombres libres y rebeldes. 

El presente y futuro es de lucha y trabajo, para construir el Estado Plurinacional y el bienestar de las nuevas generaciones.Jallalla Estado Plurinacional de Bolivia!

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