martes, octubre 27, 2026

Del horizonte histórico a la disputa política: reflexión y crítica al proceso de cambio

I. LAS RAÍCES HISTÓRICAS Y LA ARTICULACIÓN DEL MOVIMIENTO ORIGINARIO

El proceso político iniciado en Bolivia en 2006, con la llegada de Evo Morales a la presidencia, no fue un hecho fortuito ni un fenómeno aislado; representó la cristalización de un largo ciclo de luchas de los movimientos sociales e indígenas. Históricamente, se ha tendido a separar de manera artificial el ámbito rural del urbano al analizar la identidad indígena. Sin embargo, los procesos de migración campo-ciudad dinamizaron una memoria ancestral compartida que conecta fuertemente a los sectores populares tanto en el altiplano como en las urbes de La Paz, Cochabamba, Potosí, Sucre, Santa Cruz y el resto del país.

Esta matriz popular se erigió frente a un modelo colonial e institucional que, desde sus orígenes, asentó en el país a élites cuyos intereses socioeconómicos se mantuvieron históricamente desvinculados del bienestar de las mayorías. Así, la resistencia originaria no quedó relegada al espacio rural, sino que articuló una corriente ideológica con arraigo urbano dotada de una sólida capacidad para disputar el poder político.

II. CONVERGENCIAS EN LA RESISTENCIA: LA MEMORIA DEL CHACO

Un antecedente clave de esta convergencia entre la intelectualidad crítica urbana y las demandas indígenas se plasma en el texto de Carlos Mamani Condori, Taraqu, 1866-1935: Masacre, guerra y «renovación» en la biografía de Eduardo L. Nina Qhispi, donde se hace mención al emblemático encuentro en prisión entre Tristán Marof y Santos Marka Thola durante la Guerra del Chaco, tras negarse ambos a participar en la contienda.

A pesar de provenir de matrices ideológicas distintas —el marxismo crítico de Marof y el pensamiento territorial aymara de los «Caciques Apoderados» representado por Marka Thola—, coincidieron en rechazar una guerra fratricida impulsada por las oligarquías. Denunciaron cómo el Estado utilizaba a los comunarios como «carne de cañón» mientras los latifundistas profundizaban el despojo de sus tierras.

Este hito histórico demuestra que la conciencia de clase y la identidad originaria ya poseían una madurez política compartida: la convicción de que las élites dominantes sacrificaban a los sectores subalternos para consolidar sus propios privilegios de clase y casta.

III. LOGROS, CONTRADICCIONES Y EL DEBATE SOBRE EL DESMONTAJE DEL ESTADO

La victoria de 2006 materializó la confluencia de estas corrientes históricas, abriendo un ciclo sin precedentes de inclusión social, dignidad nacional y soberanía política. Sin embargo, el devenir del Proceso de Cambio también evidenció severas limitaciones estructurales. Tal como lo advirtió en su momento el intelectual Raúl Prada, la transformación profunda del país exigía no solo la llegada al gobierno, sino el desmontaje efectivo de la arquitectura del Estado colonial y de su matriz burocrática y burguesa. Aunque se lograron avances significativos en el reconocimiento de derechos y en la redistribución de la riqueza, la persistencia de los engranajes institucionales coloniales terminó frenando la transición hacia un Estado plurinacional de carácter comunitario.

IV. LA COYUNTURA RECIENTE: RUPTURA Y TRAICIÓN AL HORIZONTE HISTÓRICO

La crisis política de 2019, que derivó en la interrupción constitucional y la asunción del gobierno de Jeanine Áñez, puso a prueba la capacidad de respuesta y resistencia de los sectores populares. Tras la recuperación de la democracia en 2020, empero, las expectativas de reconsolidar el proyecto histórico se vieron profundamente truncadas por las tensiones internas y la gestión económica y política de Luis Arce Catacora.

El escenario actual no solo refleja una aguda fragmentación partidaria, sino una traición al sentido originario del proceso. Mediante discursos de corte moralista y operaciones de desgaste, se ha intentado deslegitimar la figura de los líderes, atacando de forma indirecta la condición y la subjetividad del movimiento indígena e histórico. Esta estrategia excede una mera disputa coyuntural entre facciones; constituye un intento por erosionar la memoria colectiva y blindar los intereses de una nueva élite burocrática incapaz de dar continuidad a las verdaderas reivindicaciones emancipatorias del pueblo boliviano.

V. CONCLUSIÓN: HACIA LA RECONSTITUCIÓN DEL HORIZONTE HISTÓRICO

A modo de conclusión, resulta imperativo convocar a quienes aspiran a constituirse en instrumentos vivos de una nueva movilización para retomar el Proceso de Cambio. Este empeño exige, ante todo, un riguroso fortalecimiento ideológico orientado a la reconstrucción de una memoria histórica profunda. Solo así será posible reconocernos como herederos de aquellas luchas seculares que impulsaron la emancipación de los pueblos en nuestro territorio y en toda el Abya Yala, mucho antes de los relatos oficiales de los próceres de la independencia. El compromiso político está trazado; la responsabilidad histórica recae enteramente sobre nosotros.

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