Hay políticas injustas. Hay políticas crueles. Y luego está el bloqueo impuesto por Estados Unidos contra Cuba: una política de castigo colectivo que durante más de seis décadas ha intentado rendir por hambre, enfermedad y carencias a un pueblo valiente que decidió defender su soberanía.
Se nos dice que el bloqueo es un asunto entre Washington y La Habana. Es falso. El bloqueo no es solamente contra Cuba. Es también contra los pueblos del mundo que podrían beneficiarse de los avances científicos, médicos y humanitarios desarrollados por la isla.
A pesar de las restricciones financieras, comerciales y tecnológicas más severas del planeta, Cuba ha logrado construir uno de los sistemas de salud y de investigación biomédica más importantes del Sur Global. Lo ha hecho enfrentando obstáculos que ningún país debería soportar: dificultades para adquirir equipos de laboratorio, restricciones para acceder a tecnologías de punta, persecución de transacciones bancarias y limitaciones para comercializar sus desarrollos científicos.
Y a pesar de ello, Cuba ha lanzado al mundo por ejemplo CIMAvax-EGF que es un tratamiento contra el cáncer de pulmón desarrollado en Cuba. Se trata de un tipo de inmunoterapia que aprovecha el sistema inmunitario del cuerpo para combatir el cáncer de pulmón, y que hoy se halla disponible incluso en centros de salud en los Estados Unidos y Canadá. Hace pocos días, el Presidente Diaz – Canel felicitó al equipo que ha desarrollado una nuevo candidato terapéutico para muchos tipos de tumores, HEBERSaVax, que se halla en la fase de pruebas clínicas habiendo mostrado buenos resultados incluso en cánceres en etapa avanzada.
La pregunta moral es inevitable: ¿cuántos más medicamentos podrían haberse desarrollado más rápido sin el bloqueo? ¿Cuántos tratamientos contra el cáncer, enfermedades infecciosas y otras dolencias podrían llegar a quienes los necesitan? ¿Cuántas vidas podrían haberse salvado y beneficiado de una cooperación científica libre de sanciones y persecuciones?
Cuba ha demostrado durante décadas una concepción de la solidaridad radicalmente distinta a la que promueven las grandes potencias. Mientras otros exportan guerras, bases militares, sanciones económicas y operaciones de desestabilización, Cuba ha exportado médicos, médicas, enfermeros, científicos y brigadas de salud.
Cuando terremotos, huracanes, epidemias y pandemias golpearon a pueblos de América Latina, África, Asia e incluso Europa, allí estuvieron los profesionales cubanos. Mientras algunos gobiernos enviaban portaaviones, Cuba enviaba hospitales de campaña. Mientras otros enviaban soldados, Cuba enviaba especialistas en salud. Mientras los poderosos enviaban instrumentos de muerte, Cuba enviaba mensajeros de vida.
Esa es quizás la razón más profunda por la que el bloqueo resulta tan inmoral. No castiga únicamente a once millones de cubanos. También intenta limitar la capacidad de un país pequeño de compartir su generosidad, su conocimiento, su medicina y la esperanza con el resto de la humanidad.
Las medidas recrudecidas durante la administración de Donald Trump representaron un nuevo escalón de agresión contra el pueblo cubano. Se endurecieron restricciones financieras, comerciales y de cooperación internacional con el objetivo explícito de asfixiar la economía de la isla. Sin embargo, el resultado más notable no fue la rendición de Cuba, sino una nueva demostración de resistencia y dignidad.
La historia recordará una paradoja extraordinaria. La nación más poderosa del planeta dedicó enormes recursos a intentar aislar a una pequeña isla del Caribe. Y esa pequeña isla, sometida a una presión permanente, continuó formando médicos, desarrollando vacunas, enviando brigadas sanitarias y ofreciendo solidaridad internacional.
Por eso, la lucha contra el bloqueo no es únicamente una causa cubana. Es una causa de todos aquellos que creen que la ciencia debe servir a la vida, que la salud es un derecho humano universal y que la cooperación entre los pueblos vale más que las sanciones y el castigo.Porque cuando se bloquea a Cuba, no se castiga solamente a Cuba. Se impide que un pueblo valiente, capaz comparta su conocimiento, su solidaridad y lleve la esperanza que la humanidad necesita para construir un futuro más justo.





