martes, julio 28, 2026

La hipocresia del periodismo sobre los mercenarios

En los últimos días algunos periodistas han hecho noticia cuestionando a un país por una supuesta responsabilidad sobre “bolivianos que fueron captados para combatir en la guerra Rusa-Ucraniana”, abriendo un debate hipócrita e ideologizado, que busca censurar a Rusia por lo sucedido, casualmente en un momento en que ese país no goza de la simpatía norteamericana y que vergonzosamente nuestro gobierno se ha sometido y alineado en el llamado Escudo de las Américas.

Lo que no dicen estos periodistas, es que el capitalismo al cual tanto admiran, ha creado un mercado de la guerra donde también la vida de las personas son una mercancía y existe una oferta y demanda de MERCENARIOS que van a conflictos armados que no son suyos, a cambio de una jugosa remuneración.

Se olvidan que los mercenarios son individuos que cometen  delitos, por qué van a contiendas de  conflictos armados, donde están dispuestos a matar a inocentes a cambio de dinero. 

Acaso no tenemos una dolorosa y brutal muestra de los efectos devastadores de estas horrendas prácticas?, la actual Palestina y otros países en conflictos bélicos, donde Israel y su aliado norteamericano, cuentan con un impresionante número de mercenarios que junto con sus tropas, asesinan inocentes, matan niños, mujeres, ancianos y población civil indefensa.

Naciones Unidas considera que los mercenarios representan una grave amenaza para la paz, la seguridad y los derechos humanos, ya que socavan el estado de derecho. La Convención Internacional de la ONU prohíbe el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de estas personas. Sin embargo, el mercado de la guerra se impone al derecho internacional de los derechos humanos.

Por ello nos preguntamos, se puede defender a personas que no luchan por principios ni ideales, sino por dinero?, así lo hace Jimena Antelo y otros periodistas que están buscando estigmatizar a un país en consonancia a la descarriada y vergonzosa política internacional boliviana sometida al imperio.

Posiblemente, para los bolivianos el mercado de la guerra no sea una realidad frecuente, y justamente algunos jóvenes se dejaron embaucar con la idea de ganar dinero de forma fácil, pero eso no les exime de su responsabilidad jurídica y ética. 

En Bolivia, esa realidad parece lejana, sólo tenemos algunos recuerdos de lo sucedido con algunos mercenarios, los croatas y otros que fueron traídos a Bolivia para matar indios  (caso hotel de las Américas), pero la globalización de la oferta y la demanda de la guerra, de la compra de individuos escasos de valores y principios, nos obliga a cuestionarnos si es lícito apoyar el modelo político y económico capitalista que a título de libertad del mercado, ha perdido la fundamental condición de “seres humanos”. Este debe ser el debate de fondo, y si queremos que nuestros hijos sean criados para el mercado, sin valores, sin ideales y sin principios y entren en la vorágine de la compra y venta de vidas en el negocio de la guerra capitalista.

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