domingo, septiembre 6, 2026

Tiempos para la izquierda

En tiempos de crisis políticas desde la izquierda, las diferentes corrientes o fracciones políticas tenemos la tendencia de producir a nombre de la crítica, abstracciones teóricas que tienen como punto sin salida nuestra propia encrucijada, nos anclamos deliberadamente sin comprender que los tiempos políticos tienen sus propias coyunturas, que independientemente de nuestra reflexión tienen su propia dinámica, corremos el riesgo de estar rezagados o desfazados, pero en un acto testimonial afirmando nuestra condición de vanguardia.

Nuestra sociedad plural y abigarrada tiene la cualidad de manifestarse sin desprenderse de su condición identitaria de clase, de pueblo o nación, o urbano popular, es lo colectivo/comunitario en la defensa, demanda de derechos o reivindicaciones económico-social al Estado y el tipo de respuesta estatal politiza la coyuntura, la intensidad de la demanda/respuesta afina el ritmo de la contradicción. El movimiento social tiene rostro cultural, político, social y territorial, es la constitución del sujeto, que define a partir del tipo de conflicto con la elite dominante y el Estado el contenido e intensidad del conflicto.

La construcción social, territorial, política, cultural de los movimientos sociales tienen la esencia de izquierda, porque están enfrentados al orden imperante impuesto por las derechas, pero también es importante reconocer, que los movimientos sociales no necesariamente están subordinados o son dependientes de la izquierda política, esta es una constatación que se desprende de la dialéctica histórica, pero contrariamente ciertas izquierdas reafirman un concepto, nunca evaluado autocríticamente, es “el tiempo de dar línea y orientar al movimiento”. Ese es el tiempo del desencuentro, hoy pareciera que estamos también en esa dinámica mecánica.

El Principe Moderno gramsciano escrito en la cárcel exponía que el partido era parte de la clase y el intelectual tenía validez si cumplía su rol de ser orgánico, es decir, compartir las pasiones de la clase social, ser parte de su cotidianidad, comprender la dimensión de la disputa contra el orden establecido. Esta afirmación no es una formula, sino la constatación de la experiencia revolucionaria previo y post a la Primera Guerra Mundial, y en el periodo de ascenso del fascismo.  

Las izquierdas si se autodefinen como revolucionarias no pueden prescindir de la experiencia estatal e histórica del MAS; del liderazgo indígena; de los núcleos sindical campesinos; de la composición social del voto nulo en las elecciones del 2025; de los sectores movilizados en mayo y junio; de los sectores urbano-populares, no son enumeración de hechos, sino la manifestación del sujeto político en tiempos diferentes que ordenaron la política. El tiempo constituyente y la experiencia estatal, no es memoria, es presente, el movimiento social indígena campesino popular aún conserva pese a su fragmentación la fuerza activa en todo el territorio nacional.

Este tiempo político tiene una coyuntura diferente al 2005, al 2020 y al 2025. En el primero ante el agotamiento del sistema político de derechas y el neoliberalismo el movimiento indígena campesino popular era la opción estatal a la crisis; en el segundo, el golpe de estado, el gobierno de facto y las derechas a pesar de apropiarse por la vía violenta del Estado no trascendieron su mediocridad; en el tercero, la proscripción inconstitucional del bloque indígena campesino popular les dio la oportunidad a las derechas de retomar el control absoluto del Estado.

Hoy nos enfrentamos a la extrema derecha, que tienen el control total del Estado, a todas sus instituciones fácticas de poder, a los medios privados de comunicación, a los grupos de poder empresarial, a los organismos financieros multilaterales, al tecno-fascismo informático, a la arquitectura trans-estatal de represión a los movimientos sociales, a la izquierda y al progresismo expresada en el Escudo de las Américas liderada por el presidente Trump y su Secretario de Estado Marco Rubio.

El pueblo y los movimientos sociales están impregnados de ideales anticoloniales, de izquierda y antimperialistas, la izquierda política tiene que volver a involucrase con el pueblo, sentir y transpirar su aroma rebelde, la unidad no es un objetivo, tampoco una meta, es la condición imprescindible que surge de entender la coyuntura, identificar al enemigo común, constituyéndonos en una parte más del engranaje que reencause la lucha por nuestra Bolivia Plurinacional.

La fuerza de las derechas no está en lo que representan, sino en nuestra fragmentación, en esta coyuntura asistiremos a manifestaciones de una variedad de grupos de izquierda, que a nombre de la autocrítica y contra del caudillismo pregonan un listado de recetas idealistas antidialécticas.

Lo importante en esta coyuntura es que los hombres y mujeres que afirmamos nuestra oposición militante a la extrema derecha estamos impregnados con diferentes intensidades de la experiencia estatal plurinacional, es tiempo que aflore la madurez política por encima de la inmadurez melancólica. Todos y todas somos importantes.

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