La prensa en Bolivia ha tomado un papel fundamental en la generación de opinión pública al establecer los criterios informativos y las valoraciones morales en torno a lo que el gobierno de turno y la derecha libertaria —tanto latinoamericana como nacional— definen como bueno o malo. Muchas veces, descontextualizando históricamente los hechos, los medios de comunicación recurren a estrategias discursivas que pretenden mostrar verdades aparentes. En el presente artículo revisaremos cuáles son estas estrategias y cómo operan en la coyuntura actual desde una mirada antropológica, recurriendo a los aportes de los estudios culturales y teniendo como caso de análisis los hechos de nuestro país.
I. Introducción: La pertenencia en el discurso como campo de batalla cultural
Desde los estudios culturales y la antropología de los medios —con aportes de Stuart Hall, Jesús Martín-Barbero, Raymond Williams, Michel Foucault, Norman Fairclough y Émile Benveniste—, los medios de comunicación no son meros canales técnicos de transmisión de información, sino dispositivos de hegemonía y producción de sentido. En este marco, la pertenencia en el discurso se define como el conjunto de mecanismos simbólicos, lingüísticos y rituales mediante los cuales se delimita quién tiene la potestad de nombrar la realidad, qué identidades son reconocidas como legítimas y cuáles son relegadas a la subalternidad, en consonancia con los planteamientos de Ranajit Guha y el Grupo de Estudios Subalternos.
La pertenencia discursiva se despliega en cuatro dimensiones socioculturales interconectadas:
Pertenencia Identitaria (Inclusión/Exclusión y la Dialéctica del «Nosotros» vs. «Ellos»): Como formuló Stuart Hall en sus estudios sobre las políticas de representación, el discurso fija las fronteras del in-group(la comunidad legítima o «pueblo deseable») y del out-group (el sujeto estigmatizado o «enemigo interno»).
Autoridad de Enunciación y Economía del Saber (Foucault): La asignación del «derecho a la palabra», un régimen de poder-saber que determina qué voces poseen los rituales, títulos y credenciales de la élite letrada para ser escuchadas con validez técnica o científica.
Mediación Cultural y Agencialidad Popular (Martín-Barbero): La disputa por el derecho a la auto-representación desde la matriz cultural comunitaria. Transita de la concepción pasiva del «derecho a ser informado» al reconocimiento de la palabra indígena, campesina y popular como un sujeto político soberano que rechaza la traducción paternalista o la tutela pedagógica de las clases dominantes.
Posición de Enunciación y Subjetividad (Benveniste): La forma en que el enunciador (periodista, medio o institución) imprime sus marcas ideológicas y afectivas en el texto a través de pronombres comprometedores («nosotros», «nuestra lucha») y adjetivaciones moralizantes que quiebran el mito de la neutralidad.
II. La ilusión de la imparcialidad: Anacronismo y violencia simbólica
Lejos de operar como espejos objetivos de la realidad, los medios de comunicación tradicionales y empresariales en Bolivia apelan a la «ilusión de la imparcialidad» para naturalizar una lectura particular del mundo como si fuera el «sentido común» universal. Desde una mirada antropológica, esta distorsión constituye una forma de violencia simbólica: los acontecimientos sociales son despojados de su densidad histórica y de sus causas de larga duración, presentándolos como estallidos irracionales, anacrónicos o arbitrarios.
Al desarticular la memoria narrativa de los movimientos populares, la prensa hegemónica utiliza su autoridad de enunciación para decretar qué pasados son dignos de conmemoración y cuáles deben ser borrados del debate público. Se impone así un «presentismo» mediático que juzga la acción comunitaria mediante las categorías de la élite letrada, negando la historicidad y la racionalidad colectiva de las luchas del pueblo.
III. Análisis de caso: Cartografías de la representación en la coyuntura nacional
A. La prensa comercial urbana: Enunciación militante y racismo discursivo
Al examinar el tratamiento informativo de los medios tradicionales urbanos, las políticas de representación revelan dos operaciones ideológicas dominantes:
La enunciación militante y la monopolización del concepto «pueblo»: En coyunturas de alta polarización —como la crisis política de 2019—, profesionales de la prensa abandonan la distancia etnográfica e informativa para asumir la primera persona del plural: «hemos participado junto al pueblo para derrocar a un régimen». Al adscribirse explícitamente al colectivo movilizado de las ciudades, el periodista no solo abdica de la mediación crítica, sino que ejerce una apropiación exclusiva del concepto de «pueblo», etiquetando a la contraparte campesina e indígena como un sector ajeno, peligroso o antidemocrático.
El encuadre peyorativo (framing) y la colonialidad de la palabra: Asimismo, la asignación de pertenencia se manifiesta en la estigmatización de la dirigencia popular originaria. Un caso ilustrativo es la cobertura sobre Leonardo Loza, a quien la prensa censuró por priorizar su presencia en el Encuentro Internacional Antiimperialista de RUNASUR en el Trópico de Cochabamba frente a la cumbre de gobernadores en Pando sobre el presupuesto «50/50». El medio no se limitó a señalar la ausencia en la mesa técnica; calificó su participación internacional como un «congraciamiento ante su patrón». Desde la antropología del discurso, esta adjetivación actualiza la matriz colonial: le niega al dirigente originario su condición de actor geopolítico autónomo y traduce su convicción ideológica a una categoría de subordinación o servidumbre pasiva.
B. La respuesta popular: Radio Kawsachun Coca y la trinchera comunitaria
Frente a la hegemonía de las salas de redacción urbanas, la experiencia de medios populares, sindicales y comunitarios como Radio Kawsachun Coca (RKC) representa una trinchera contrapuesta en las políticas de representación.
RKC rompe abiertamente con la fachada de la neutralidad liberal para asumir una comunicación militante, territorial e identitaria. Desde el enfoque de Martín-Barbero, RKC actúa como el canal a través del cual las bases campesinas e interculturales ejercen la restitución del derecho a la palabra, comunicando en sus propios términos, códigos culturales e idiomas originarios (quechua y aymara). La autoridad de enunciación no proviene de la acreditación universitaria ni del beneplácito de las instituciones del Estado, sino de la legitimidad comunitaria y la trayectoria de resistencia en el territorio. Sin embargo, al estructurar su relato en una lógica especular y maniquea de «amigo/enemigo», RKC también demuestra cómo la disputa por la pertenencia discursiva puede derivar en un atrincheramiento ideológico que profundiza la incomunicación intercultural.
IV. Conclusión: Hacia una deconstrucción de la esfera pública mediática
El análisis antropológico de la prensa boliviana desde la perspectiva de la pertenencia en el discurso demuestra que el ecosistema de medios contemporáneo no opera como un foro de deliberación democrática, sino como un espacio fragmentado de trincheras culturales e ideológicas.Tanto la prensa hegemónica que simula imparcialidad como la prensa popular que proclama su militancia utilizan los dispositivos de representación para validar a sus propias comunidades de pertenencia y silenciar o estereotipar al «otro». Cuando el periodismo sustituye el análisis riguroso, la contextualización histórica y el reconocimiento de la diversidad por la adjetivación y la trinchera partidaria, degrada la comunicación a un mero instrumento de convalidación hegemónica. Superar la «ilusión de la imparcialidad» exige construir una praxis comunicativa descolonial, capaz de reconocer la pluralidad de voces, restituir la densidad de la memoria social y garantizar que el derecho a la palabra no sea un privilegio de las élites, sino un ejercicio pleno de soberanía comunitaria.
