martes, octubre 27, 2026

Dia de la mujer boliviana: Cuando denunciar también da miedo

En diez años, Bolivia registró más de mil feminicidios y cientos de miles de denuncias por violencia física contra las mujeres, estadísticas registradas y consolidadas. No existen estadísticas que permitan dimensionar las denuncias falsas, sin embargo, una propuesta de ley para endurecer las sanciones contra quienes denuncian, avanza. En el Día de la Mujer Boliviana, la pregunta es inevitable: ¿estamos construyendo una justicia que protege a las mujeres o una que puede hacerlas temer todavía más? 

El 11 de octubre, Bolivia recuerda a sus mujeres. Es una fecha para honrar a las que abrieron caminos, a las que sostienen sus hogares, a las que trabajan, estudian, lideran y siguen defendiendo sus derechos. Pero también debería ser un día para mirar de frente una realidad que no podemos normalizar: miles de mujeres siguen viviendo situaciones de violencias y muchas todavía tienen miedo de denunciarlas.

Las cifras nos obligan a detenernos.

Entre 2015 y 2024, Bolivia registró 1.058 feminicidios, de acuerdo con la serie histórica del Observatorio de Género de la Coordinadora de la Mujer, basada en datos del Ministerio Público y la Policía Boliviana. En 2018 se registraron 130 víctimas y en 2024 fueron 84. Detrás de cada número había una mujer que tenía proyectos y personas que la querían; Ahora quedan muchas familias marcadas por una ausencia e hijos, niñas, niños y adolescentes que deben aprender a vivir sin sus madres.

Entre 2015 y 2024, la Coordinadora de la Mujer contabiliza 349.044 denuncias por violencia familiar o doméstica. Solo en 2024, la fiscalía general del Estado reportó 37.601 casos de esta clase de violencia y un total de 50.325 casos correspondientes a delitos comprendidos en la Ley 348.

Son cifras que hablan de la dimensión de un problema que atraviesan hogares, comunidades y espacios de trabajo. Pero no muestran toda la realidad: hay mujeres que no denuncian porque temen a su agresor, porque dependen económicamente de él, porque no tienen a quién acudir o porque han perdido la confianza en las instituciones que deberían protegerlas.

Qué pasa con las denuncias falsas

La discusión sobre las denuncias falsas ha ganado espacio en el debate público y ha impulsado propuestas legislativas para endurecer las sanciones contra quienes acusen falsamente a otra persona en casos relacionados con la violencia contra las mujeres. 

Pero hay una pregunta que se debe hacer: ¿cuántas denuncias falsas se han demostrado judicialmente en Bolivia durante los últimos diez años?

La respuesta es clara. Según fuentes consultadas, hasta ahora no existe una base estadística comparable que permita conocer la magnitud de las denuncias falsas y compararlas con la cantidad de casos de violencia denunciados.   

Es importante aclarar que una denuncia que no termina en condena no significa que es una denuncia falsa. Un proceso puede cerrarse por falta de pruebas, deficiencias en la investigación, obstáculos procesales u otras circunstancias. 

Para afirmar que una acusación fue inventada deliberadamente se necesitan pruebas y una determinación conforme a la ley. Y no se puede alimentar la idea de que una mujer que denuncia debe demostrar, además de la violencia que sufrió, que no está mintiendo.

El problema de la violencia contra las mujeres no termina cuando se presenta una denuncia. Muchas veces comienza otra lucha: conseguir que alguien escuche, que se investigue, que las medidas de protección funcionen y que el proceso avance.

El informe defensorial sobre la implementación de la Ley 348, correspondiente al periodo 2013–2024, registró más de 439.000 casos relacionados con esta norma y señaló que solo el 5,7 % concluyó con sentencia condenatoria.

Este dato no significa que el resto sean denuncias falsas. Expone otra realidad: muy pocos  casos llegaron a una sentencia condenatoria, exponiendo la poca la capacidad del sistema de justicia para investigar y responder a la violencia.

Entonces: ¿por qué el debate no coloca con la misma fuerza la necesidad de mejorar las investigaciones, garantizar la protección de las víctimas, reducir la retardación de justicia y evitar que los agresores permanezcan impunes?

El miedo también puede cerrar la puerta de la justicia

¿Qué pasa por la cabeza de una mujer cuando debe decidir si denuncia a su pareja, al padre de sus hijos o a alguien de quien depende económicamente? ¿Qué ocurre cuando, además del miedo a las represalias, teme no ser creída, perder el sustento de su familia o terminar enfrentando un proceso en su contra?

Para muchas mujeres denunciar es una decisión difícil. Por eso, las políticas públicas y las reformas legales deben considerar no solo sus consecuencias jurídicas, sino también el mensaje que transmiten a quienes necesitan protección. Por lo que cualquier reforma debe sustentarse en evidencia, respetar las garantías procesales y no terminar desalentando las denuncias de violencia.

Este 11 de octubre, el homenaje también debe ser un compromiso

El Día de la Mujer Boliviana no puede limitarse a las felicitaciones, las flores o los discursos sobre la fortaleza de las mujeres. También debe servir para preguntarnos qué país estamos construyendo para nuestras hijas.

Honrar a las mujeres significa que puedan vivir sin violencia. Significa que una niña no tenga que crecer con miedo, que una joven pueda decidir sobre su futuro, que una dirigente pueda ejercer su liderazgo sin amenazas y que una mujer agredida encuentre protección cuando se atreve a hablar.

Las denuncias falsas, cuando se demuestran, deben tener las consecuencias que establece la ley. Pero no pueden utilizarse como argumento para poner bajo sospecha a todas las mujeres que denuncian violencia.

Este 11 de octubre, el mejor homenaje a las mujeres bolivianas no es decirles que son fuertes porque han aprendido a resistir. Es construir un país en el que no tengan que serlo todo el tiempo.Porque ninguna mujer debería tener que elegir entre guardar silencio para sentirse segura o denunciar y temer que la justicia termine volviéndose en su contra.

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