domingo, agosto 2, 2026

No es cambio climático, es una crisis climática global (1ra parte)

Últimamente, la intensidad de eventos trascendentales se va incrementando de manera acelerada. No se trata sólo del fin de una larga huelga de casi dos meses, sin precedente histórico, frente a un gobierno incapaz y un presidente fantoche, atrapado en la consigna fácil, pero muy dispuesto de alentar y socapar la corrupción que desborda en su gobierno. No es sólo la devaluación fáctica de nuestra moneda y la subida cotidiana del dólar; cuyos efectos inflacionarios veremos en las próximas semanas. 

No se trata sólo de la gasolina basura, las narco maletas, las narco maderas, ni las cajas fuertes vaciadas (que no vacías) de un capo del narcotráfico a nivel global. Ni es sólo el contrabando delincuencial y protegido de oro; es también la explosión del sicariato que nos presenta asesinatos cotidianamente, junto con el desfonde de la institucionalidad de la policía como institución (con denuncias de corrupción de su propio comandante general).

A nivel internacional, también vemos el avance la derecha en el continente y allende los mares. Las descaradas intervenciones en elecciones, por parte del gobierno de Estados Unidos, que se dieron en nuestro continente (Perú, Colombia, Honduras, Chile); dando lugar a un cuestionamiento profundo de la legalidad y legitimidad de los futuros gobiernos en esos países y, peor, la débil gobernabilidad que, de seguro, incentivará salidas de fuerza y violentas para mantenerse en el poder (como en el caso de Ecuador). Ese crecimiento de la derecha, alentado y azuzado por un presidente que rompe a diario el orden internacional basado en reglas, o que impone un nuevo orden internacional basado en la amenaza y la fuerza, llegó al extremo de secuestrar al presidente de un gobierno electo y en funciones, de Venezuela, mediante una intervención armada; además de profundizar el bloqueo de todo un país soberano, Cuba, buscando la muerte de su población por inanición. 

No son sólo las guerras globales en curso; porque no se puede calificar de otra forma las conflagraciones que se dan en Europa oriental o el medio oriente; guerras que involucran a múltiples actores que, a pesar de diálogos de paz (en el último caso),  cada día nos tienen al borde de la guerra por un gobierno y un estado cuyas acciones fueron declaradas como genocidio por la Naciones Unidas, y cuyo restablecimiento de relaciones con Bolivia fue el mayor logro reivindicado por el actual canciller del país.

Como telón de fondo, frente a todos esos hechos trascendentales y el escenario de crisis socio políticas generalizadas, tenemos un planeta que cada día muestra un desarreglo, una inestabilidad climática, que se traduce en la inhabitabilidad de algunas regiones y territorios. El calor extremo que están viviendo en el hemisferio norte no es un fenómeno ni pasajero ni coyuntural.

Partiendo por el continente americano, las inusuales y elevadas olas de calor en Estados Unidos a inicios del mes pasado, llevaron a suspender los desfiles oficiales del día de la Independencia en Washington y Filadelfia. Los apagones de electricidad masivos, debido al sofocante calor, fueron acompañados por fenómenos tan inesperados como el fundir del asfalto en algunas vías de Nueva York. Durante los últimos días, un incendio extendido en el Condado de Spokane (Washington) llevó a evacuar a miles de familias, observándose incendios masivos en Estados Unidos y Canadá. Situaciones extremas que también se dieron en el continente europeo, con efectos aún mayores.

A principios de julio, la ola de calor en algunas regiones de España elevó las temperaturas a 42 grados centígrados, subiendo posteriormente hasta los 44 grados. En los primeros cuatro días de julio se contabilizaron 153 muertes atribuibles a las altas temperaturas; alcanzando a más del millar (1.028 muertes) durante el mes de junio convirtiéndolo en el mes con mayores muertes por temperaturas, desde que comenzaron los registros en 2015 (663 en la semana de la ola de calor del 22 al 24 de junio). Datos brindados por el Sistema de monitorización de la mortalidad diaria MoMo, del Instituto de Salud Carlos III. Paralelamente, durante junio, alrededor de 3700 personas murieron por las altas temperaturas, en Francia, Bélgica y Países Bajos.

Desde fines de julio, producto de las altas temperaturas, varias regiones españolas sufrieron los peores incendios en décadas. El fuego arrasó más de 120 mil hectáreas, afectando el modo de vida de miles de familias. “Lo único que nos queda es rezar”, declaraba Fernando Moreno, presidente de la Agrupación de Ganaderos de la Sierra Norte de Guadalajara. 

También en el sur de Italia se reportaron incendios forestales que obligaron evacuar a cientos de personas, pues el fuego se había aproximado a zonas residenciales. 18 ciudades italianas permanecieron bajo alerta roja por los incendios, entre ellas Palermo, Messina y Cataría. En Portugal, más de 15 mil hectáreas fueron quemadas. La intensa ola de incendios forestales también afectó a Francia.

El ministerio del Interior francés señaló que la superficie quemada en ese país, desde enero del presente año, superó las 50.000 hectáreas; cifra que triplica lo registrado en el mismo período del año pasado. Pero no se trata sólo de incendios, debido a la ola de calor se registraron más de 5.700 muertes adicionales. Las autoridades sanitarias informaron que entre el 17 de junio y el 2 de julio se registraron 21.674 fallecimientos, es decir, 5.764 muertes más de las previstas. Se trata de la mayor mortalidad asociada a las olas de calor desde el hito histórico de 2003.

Sin embargo, la crisis climática no sólo se explicita en el continente europeo o Norteamérica. A principios de julio, las autoridades de Bombay, India, tuvieron que declarar alerta roja, cerrar escuelas, suspender servicios de transporte y autorizar el trabajo a distancia, por los efectos del monzón Maharashtra. Días después se reportó la muerte de al menos diez personas, quedando varias desaparecidas, tras las lluvias y deslizamientos de tierras en la región de la Cachemira India. De acuerdo al Departamento Meteorológico de India (IMD), se reportaron regiones con 48 grados de temperatura. 

También Vietnam y Taiwán alcanzaron temperaturas récord. En mayo, Hanoi registró más de 41 grados centígrados, convirtiéndose en la segunda temperatura más alta de su historia para un mes de mayo. Taipéi alcanzó los 38.3 grados, la temperatura más alta desde el inicio de los registros meteorológicos en 1896.

En Japón, la ola de calor alcanzó temperaturas de 35 y 40 grados centígrados. A mediados de julio, 39 de las 47 prefecturas del país se encontraban en emergencia por las altas temperaturas. Se alcanzaron picos de 40 grados en la prefectura de Nagoya y de 36 grados en Tokio. Cifras que se incrementan en la sensación térmica, debido a la humedad.

Son tan fuertes los efectos de esta crisis climática que en mayo pasado, en el marco del lanzamiento oficial del “Llamado a la Acción”, previo a la 79.ª Asamblea Mundial de la Salud, un grupo de científicos pertenecientes a la Comisión Paneuropea sobre Clima y Salud, planteó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que la crisis climática sea considerada una emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII); categoría reservada hasta ahora a amenazas agudas, principalmente infecciosas, como la gripe H1N1, el ébola, el zika, mpox y covid-19.

Esta demanda no es casual. De acuerdo a dicho informe, la evidencia científica acumulada durante los últimos años, muestra que el llamado cambio climático afecta a la salud humana a través de múltiples mecanismos simultáneos que se retroalimentan. Las altas temperaturas son responsables del 95 % de las muertes relacionadas con factores meteorológicos extremos, con más de 62 mil fallecimientos atribuibles al calor en Europa, en 2024, y más de 24 mil muertes atribuibles a las olas de calor en España en la década 2015-2024.

En palabras de Katrín Jakobsdóttir, ex primera ministra de Islandia y presidenta de la Comisión Paneuropea sobre Clima y Salud, “La crisis climática supone una amenaza para la seguridad, la cohesión social, los derechos humanos y la salud. Durante demasiado tiempo se ha considerado [que sería] un problema para las generaciones futuras”.

En el mismo tenor, la ministra de Sanidad de Austria declaró que la crisis climática constituye una amenaza directa para la vida humana. Afirmación que se sustenta en los 395 decesos registrados en el mes de junio, debido a las altas temperaturas, certificados por la Agencia de Seguridad Sanitaria y Alimenticia de Austria. Cifra que muestra un incremento superior al 130%, comparado con el mismo mes del año anterior.

Los efectos de la crisis climática no se restringen a la tragedia humanitaria. Las olas de calor sin precedentes que llegan a Europa están causando pérdidas económicas multimillonarias. Las instituciones especializadas calculan que las temperaturas extremas pueden provocar pérdidas de hasta el 7% del PIB europeo para dentro de cuatro años (2030). De acuerdo a un último informe de la aseguradora alemana Allianza Trade, las economías más vulnerables al incremento de las temperaturas son las de Francia, Italia, Alemania y España. En el primer caso las pérdidas debidas a las altas olas de calor podrían alcanzar los 240 mil millones de dólares hasta el año 2030. En el caso de Italia, las perdidas podrían alcanzar los 147 mil millones; Alemania 131 mil millones y España los 120 mil millones.

De similar manera, la crisis climática también afecta otros ámbitos de las políticas públicas a nivel global. De hecho, actualmente, se asume que el “cambio climático” es un factor que tiene impacto en la Seguridad Nacional de los países. Si bien en 2007 el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, fue quien primero relacionó el cambio climático como uno de los factores de la guerra en Darfour, Sudán, fue Estados Unidos quien incluyó el tema en su Estrategia de Seguridad Nacional de la Casa Blanca del año 2015. En ese documento se señala que “el cambio climático es una amenaza urgente y creciente para nuestra seguridad nacional, que contribuye al aumento de los desastres naturales, flujo de refugiados y conflictos por recursos básicos como alimentos y agua”.

¿Cómo se presentan en estos días los efectos de esta crisis climática en la América del Sur y en nuestro país? ¿Qué medidas se están desarrollando en Bolivia o qué medidas se podrían tomar en el cortísimo plazo? Buscaremos dar respuestas a estas preguntas en una segunda entrega.

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