La imposición de todos los poderes facticos sobre la existencia del enemigo político, económico interno como el factor negativo del estado de situación, es la condición sine qua non para la existencia de la derecha y extrema derecha como sentido común del y para el poder estatal.
La forma como se construye el enemigo interno es través del despliegue sistemático del uso del lenguaje, la violencia discursiva es el uso verbal, simbólico, audiovisual expresada por autoridades políticas, analistas/opinologos, medios de comunicación, empresarios que comparten una misma matriz ideológica.
La violencia discursiva construye e impone significados negativos del enemigo, no del adversario, sino del enemigo.
Los “nuevos herederos” de este tiempo político, decimos herederos porque ninguno construyó este momento, sino heredaron/recibieron este escenario producto de la proscripción del indio y de los movimientos indígena campesinos impulsada por el gobierno colonial de izquierdistas liderado por Luis Arce con la complicidad de toda estructura estatal y el apoyo indisimulado de la derecha interna y externa, por ello al no ser sujetos directos sino por defecto necesitan de un enemigo que les permita construir imagen: el enemigo es el indio, los indígenas-campesinos y el bloqueo de 53 días, es decir no es una identificación abstracta y difusa del enemigo sino una precisión étnica, cultural, ideológica y social.
Precisando los ejes discursivos: cuando manifiestan desde el presidente, sus ministros y toda la pléyade mediática que los “20 años del gobierno MASista” está identificando a la organización política, a la corriente ideológica, pero también a los indios como los responsables del estado de situación: de la crisis estructural, la crisis es producto Estado Plurinacional, del modelo económico Social Comunitario Productivo, y la única forma de “salir y superar la crisis” es cambiando la Constitución Política del Estado MASista e indígena.
Necesitan legitimar al neoliberalismo como el único instrumento económico, social, político y cultural para superar la crisis, pero es el imaginario de crisis impuesta, es decir: la inflación, la devaluación de la moneda nacional, la falta de combustible no es atribuible al gobierno actual, sino a los “20 años del MASismo”, impulsan prescindir de la soberanía para activar el endeudamiento multilateral a nombre de la “llegada de divisas”, la deuda lo presentan como virtuoso y a los organismos financieros como los benefactores del país.
Convierten a la nacionalización, la soberanía productiva y alimentaria como el hecho regresivo para el desarrollo nacional, para los herederos del poder político lo sustantivo no está en el ser humano, en el boliviano y boliviana, en la protección, defensa y aprovechamiento sin destrucción de los recursos naturales, sino en el capital, mejor si es extranjero, por eso se apresuran a anunciar leyes que tienen como finalidad ampliar derechos para el “inversionista” por encima de la soberanía y de la Patria, a los recursos naturales se los presenta como objetos comerciales en la subasta de oportunidades del capitalismo, firman acuerdos y memorándums disponiendo la propiedad de la tierras raras a favor del capitalismo americano, los hidrocarburos y los minerales reservados única y exclusivamente para los que tienen el monopolio del capital transnacional, las tierras productivas, forestales y de pastoreo para el agropoder del oriente occidentalizado, esta presentación no tiene solo en el gobierno al actor principal, sino a todo el establishment político, económico, mediático y religioso de derecha.
Condenan como actos criminales la movilización social y a los dirigentes como “delincuentes y terroristas”, la movilización y los dirigentes son “responsables de la falta de diésel y de las largas e interminables filas para comprar combustible, de la subida diaria del dólar”, al extremo que el ministro de Gobierno sin una sola frase o palabra que valide lo afirmado, acusa, que la existencia del sicariato -que en dos días asesino a seis personas- es producto de los “20 años”.
Toda esta violencia discursiva no es improvisación, es estrategia política, para las derechas el horizonte está siempre en la destrucción, ahí radica su nodo.
Al crear al enemigo indígena y de izquierda, lo presentan como enemigo de la sociedad, implícitamente educan ideológicamente a la sociedad, para que la sociedad altamente individualizada acepte en condiciones de sumisión al capitalismo como paradigma de vida, la esclavitud cultural, social, económica, religiosa lo pregonan como la “libertad de mercado y de la sociedad de consumo”.
La violencia discursiva esta inscrita en la estrategia de la extrema derecha global, nuestra derecha criolla en su condición de vasallo replica esta retorica.
Pero no solo es la identificación del enemigo, sino es la forma del trato al enemigo, es a través de la producción y reproducción de violencia estatal con características nazi/fascistas en tiempos de aparente democracia liberal.
El nuevo estado de situación es el tipo de crisis construida e impuesta por la violencia discursiva, este es el escenario de la política, la fetichización de la realidad deja de ser lo aparente para constituirse en la realidad como totalidad envolvente.
