martes, octubre 27, 2026

Se busca esperanza

Algo se encontró: la noticia de nuestro Tilcayo. La infinita ruleta de Tik Tok lo lució. Un video resumía el momento: el retrato del felino mirando a la cámara y un texto en el pie de foto: “Bolivia sin gasolina, sin diésel, sin dólares, sin plata, sin obras, pero con michi nuevo”. A un costado, un gatito IA bailando al ritmo de la saya de Los Yungas. Adorable. Se identifica científicamente una nueva especie: el Leopardus Tilcayo. Es pequeño, es enigmático, es hermoso, es de los bosques yungueños. Las comunidades locales ya lo conocían. Un cachorro de esta especie fue adoptado porque una familia lo tomó por un gato doméstico. Su comportamiento, con el pasar de los meses, despertó dudas y terminó en el refugio de Senda Verde. Qué buen destino. Después, investigadores analizaron sus características y finalmente confirmaron que Los Yungas coronaba una nueva especie en el mundo. Mide alrededor de 46 centímetros y pesa cerca de 1,4 kilos. Señoras y señores, saluden al primer nuevo felino silvestre viviente descrito formalmente en más de un siglo. ¡Saluden al nuevo michi boliviano!

Hacía falta una alegría para sacar la cabeza un minuto de nuestra crisis y respirar. Hace casi un año, cuando el papá de Catalina Paz ganó las elecciones junto al hoy desplumado Edman Lara, la economía arrugada por Arce Catacora ya estaba al límite. Activaron acertadamente la estrategia de la “cloaca de 20 años”. Tanto se concentraron en esta tarea que se les fue el tiempo y hoy que le miramos las mank’anchas al acuerdo con el FMI, moros y cristianos se acuerdan de confirmar que el actual Gobierno no ha demostrado tener un modelo económico armado, una ruta de emergencia o algo claro. No es todo: mientras Rodrigo Paz emprende el viaje con su familia a Estados Unidos para asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas (con un discurso en una sala poco concurrida) y, de paso, aprovecha un espacio CAFkiano para volver a la canción de su victoria política, a esa ranchera de cómo, con poco dinero y la estrategia tiktokera de su hija Catalina pudo alcanzar la presidencia de Bolivia, nosotros, los que no viajamos a EEUU, estamos tratando de sacudirnos del reciente dieselazo. 

Tan difícil como sacudirse de la mentira. La parada en Boca Ratón, las imágenes del turismo de lujo del lugar que circularon en medios y redes, la información sobre las empresas de la esposa y otros familiares de Paz Pereira en el lugar no pudieron ser explicadas ni por el propio Presidente. Paz Pereira mintió. Los tres días parqueados en esas playas con el avión y los recursos de los bolivianos no es un dato para olvidar fácilmente. Uno de los ministros, al no poder justificar el asunto, terminó acusando a los medios de manejar «información falsa» (sin desmentirla con hechos o datos) y a la repregunta del periodista simplemente dijo: «y si un presidente quiere tomarse un día para descansar, ¡bueno pues, hombre, lo hacen todos los mandatarios del mundo!». ¿Y si son tres días? ¡Bueno pues, hombre! ¡Y nosotros haciendo tanto lío! Las vacaciones fueron cortas porque tocaba el siguiente acto: la suspensión de visa norteamericana a personajes como el entonces Fiscal Roger Mariaca o el exministro arcista Iván Lima; las detenciones inmediatas que sacudieron la Fiscalía y el país entero. Difícil sacudirse de tan vergonzoso escándalo. Difícil sacudirse de las imágenes de esa ambulancia transportando ladrillos de billetes, difícil sacudirse de las poco sutiles amenazas del Ministro de Gobierno con quienes no estén con el Gobierno, difícil sacudirse de las acusaciones de pagos a asambleístas, difícil también sintonizar con el discurso triunfalista  del presidente vacacionista.

Tiene usted razón de preguntar, mientras lee, qué cuernos tiene que ver la aguda y creciente crisis del país con el Tilcayo yungueño. Tiene que ver. Mientras nos obsesionamos con las subida de la cotización del dólar, las colas y los precios de los carburantes, el fantasma de la inflación, el calvario para muchos de estirar el sueldo o los ingresos semanales para llegar a fin de mes, la incertidumbre de nuestra economía en el futuro próximo y el circo político-judicial con aroma a Estados Unidos y al Escudo de las Américas, nos encuentra de sorpresa la alegría de inscribir a nuestro, y solo nuestro, Tilcayo en la riqueza universal más preciada, el tesoro de la naturaleza del planeta. No cabe duda que es una noticia sanadora. Una alegría limpia, pura. No pone dinero en nuestra cuenta, verdad, pero nos une, nos anima y nos hace sentir parte de lo mismo. El registro del Tilcayo en los libros del conocimiento no pone claridad en las investigaciones sobre la pérdida de maletas con dinero, sobre la madera con droga, sobre las cajas fuertes vacías del narco Marset, sobre las maletas con oro a cargo de un joven bien conectado y menos nos trae soluciones al escándalo que destapó Nadia Beller después de sufrir violencia por parte del asesor presidencial Fernando Cerimedo y la tentativa de feminicidio. Los Tilcayos no pueden hacer nada contra el rosario de audios que está desnudando a un Gobierno frágil por dentro. Los Tilcayos yungueños solo pueden producir pegamento para una sociedad boliviana amenazada por fundamentales rajaduras. El felino solo puede inyectarnos, en medio de este quilombo boliviano, el más urgente de los carburantes: la ternura.

OTROS PICANTES