martes, octubre 27, 2026

Elites: ficción republicana

Las elites dominantes nacieron con la República, son hijos putativos de ese tiempo histórico, no porque lo constituyeron, sino por la oportunidad, la habilidad y la posesión monopólica que tenían de las instituciones que ordenaban las relaciones en el colonialismo.

Tenían ciudadanía política colonial, dirigían por designación colonial, racial, religiosa y de clase todas las instituciones del poder colonial: los cabildos, la justicia, la iglesia, el ejército, eran propietarios de la tierra, de los recursos naturales y de indígenas. Las luchas anticoloniales e independentistas les cercenó la ciudadanía colonial, mutaron y asumieron la ciudadanía republicana.

Se autoconsideraron republicanos sin prescindir de su condición colonizada, nacieron con la aureola de la República independiente y construyeron a la República de Bolivia sobre las estructuras coloniales.

Su condición social y espiritual de vasallaje ante la monarquía era su forma de vida para preservar el orden establecido, producir el poder implicaba reproducir sus relaciones de subordinación y dominación. 

La elite nunca abandonó su condición de vasallaje, mutan de monarca, pero no abandonan esa condición servil.

El siglo XIX y parte de siglo XX la elite oligarquía se desenvolvió y desarrolló al cobijo del colonialismo europeo, inicialmente español luego inglés. Ese cobijo implicó que nuestra Bolivia sea tratada como sub-periferia dentro la periferia regional, como proveedora de materia prima y exportadora de excedente.

La Primera y Segunda Guerra Mundial modificó el mapa de dominación geopolítica, la sustitución imperialista inglés por el norteamericano implicó también que nuestra Bolivia y toda la región continental este bajo el control político, diplomático, militar y económico de los EEUU con el consentimiento de la elite vasalla. 

La condición de existencia de las elites es mantener su dependencia constante, no importante quien es el patrón imperial, lo fundamental es disponer de la protección.

No importa como accede al poder, es lo secundario, o quizás lo anecdótico. Se es presidente y gobierno vía democracia censitaria, democracia controlada o golpes de estado, es la forma, no es el sustrato, el sustrato en el control del poder, es el valor que tienen que preservar.

Para cada tiempo hay argumento que justifica el acto, siempre existe una excusa, también hay vasallos convertidos temporalmente en líderes. Desfilan por toda la pasarela pública, los medios amplifican el desfile, le otorgan el espectáculo que necesita el ocasional líder, tronan las campanas de las catedrales, esta puesta en escena el drama, los poderes fácticos despliegan la trama, la historieta inventada, compuesta e impuesta es la nueva verdad como razón de la elite gobernante.

El titiritero mayor, multimillonario, evangélico, de ascendencia aria, propietario temporal de la Casa Blanca tiene sus marionetas, ha relanzado la versión 2.0 de la Doctrina Seguridad Nacional con el denominativo del Escudo de la Américas, es la plataforma transestatal de control tecnológico, militar y financiero del continente, sus marionetas son presidentes impuestos por la manipulación tecnológica, que desfilan entre la oficinas del FMI, del BM, del BID para conseguir limosnas financieras a nombre de la estabilidad, están detrás de los secretarios de Estado y de Guerra para el dote militar represivo en nombre de la lucha contra el narco-terrorismo.

Es tan baja la autoestima de los presidentes que viajan miles de kilómetros para sentarse en las piernas de burócratas designados, ese es el designio de sus mandatos, el vasallaje 2.0.

Le elite criolla boliviana son accidentes de la democracia republicana decadente, no tienen noción de lo que políticamente representan, solo exhiben su racismo, su evofobia, su antizquierdismo tóxico, su trauma antisindicadical obrero-campesino, esta elite son el lumpen de la democracia, ensucian con su conducta el templo de la soberanía política: la Asamblea Legislativa Plurinacional. Son elites de ficción innecesarios para el pueblo y la democracia, pero imprescindibles para la extrema derecha. Un viejo dictador decía: “necesito una tonelada de fidelidad y un gramo de inteligencia”, esta frase grafica a la elite criolla de ficción. 

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