viernes, septiembre 4, 2026

Un cumpleaños, la unidad de todos los zurdos y un poema

Un cumpleaños “sorpresa” en un exclusivo “sport bar” de un club social/jailón de Calacoto (zona sur de La Paz) termina con las ganas de fundar un partido de izquierda. Bajenle a los tragos. Otro taxi/partido. Se juntan un miércoles de agosto para festejar los 52 años de un ex viceministro y ex embajador de la época de Evo Morales, un hombre que ha saltado la “talanquera” (dirían en Venezuela) en varias oportunidades (del MBL a Juan del Granado, del MSM al MAS evista y luego al nefasto arcismo y así “ad eternum”). Uno de esos tantos muchachos que ha experimentado un ascenso social bajando a vivir al sur de la ciudad. 

Nota mental: hubo uno que dijo que lo hacía porque no tenía espacio para sus libros; del que hoy hablo desconozco que no cabía ya en su casa. 

Junto al cumpleañero se arremolinan ex cargos evistas que juraron después lealtad a diestra y siniestra. Un ex procurador del estado, también ex embajador. Honorables hombres de la impoluta justicia expertos en “law-fare”. Esos que hacen cola en la calle Cañada Strongest para visitar en La Posta (cárcel de San Pedro) al ex presidente Arce Catacora para armar estrategias y/o negocios varios. Tras el “japiberdi”, se ponen a conspirar. Al margen del campo nacional-popular y las grandes mayorías indígenas-campesinas. Faltaría más. 

Unos días después, el ex candidato del MAS arcista (y ex ministro de gobierno) llama a la unidad de la izquierda para “salvar la patria”. ¿El mismo que basó su campaña en la ley, la familia y el orden al más puro estilo paramilitar? El mismo. ¿El mismo que mandó a reprimir a viejos compañeros/compañeras a punta de piedras y gases en la Abaroa? El mismo. ¿El mismo que montó operativos en el altiplano con amigos para frenar marchas con pacos y milicos? El mismo. ¿El mismo que quiso arrestar y/o matar al ex presidente Evo Morales? El mismo. ¿El mismo que llamaba “terroristas” a los que salían a protestar contra Arce Catacora? El mismo. Todo está escrito en la memoria, canta León Gieco. El peor pecado no es destruirte a ti mismo y a los demás; el pecado capital es traicionar por nada.

La derecha -en el gobierno y fuera de él- está dividida. Para no variar. Ni la embajada gringa ha logrado -ni logrará- amigarlos. La anhelada “juntucha”, alías mega-coalición- de los noventa es un sueño mojado. A Paz Pereira le sucederá Quiroga Ramírez. Será en octubre. Será en febrero. Será en abril. Elige mes revolucionario. Solo falta la chispa que pueda prendar la pradera, diría el camarada Mao. La sustitución de jugadores (sale “Pollo”, entra “Tuto”) ya ha sido dictada por los poderes fácticos de Santa Cruz S.A., el FMI y la propia embajada de la Avenida Arce. Donde manda patrón, no manda marinero.

Se repetirá el guion de la Argentina: a un “cobarde” Macri le sucedió un “valiente” Milei. ¿Cuántos años tardará la izquierda en unirse para plantar cara, apretar filas, descartar egos y personalismos, declinar narcisismos y ponerse detrás de un candidato -o mejor candidata- con un programa transformador y pegado a las inquietudes/necesidades populares? 

“Es con Adriana”, me dice otro ex ministro evista. “Es lo que diga el Evo”, me dice otra compañera. “En el Chapare hay buenos cuadros, el Aquilardo, el David Veizaga”, dicen por allá. “Es con Leo Loza, pues; si lo hace bien en Cochabamba, de ahí salta a nivel nacional”. Es con Evo, escucho al fondo. Si Paz Estenssoro gobernó cuatro veces en tres décadas distintas (los 50, los 60 y los 80), ¿por qué no puede volver el “jefazo”? Es con Andrónico, dicen todavía los que se quemaron con la fichita de la socialdemocracia “pipí-cucú” y hoy hombre de negocios exiliado en Yapacaní, norte de Santa Cruz. 

“En El Alto, también hay buenos cuadros”, escucho en la Línea Azul del Teleférico rumbo a Villa Ingenio. “Hartos Evos aquí hay” fue el título de un lindo documental colombiano sobre los cocaleros y cocaleras del Trópico. 

No tengo respuestas ni certezas, solo tengo preguntas y más preguntas. ¿Acaso los liderazgos históricos y aglutinadores nacen a cada rato? ¿Cuántos Fidel ha parido Cuba? ¿Cuántos Hugo Chávez brotaron en Venezuela? ¿Cuánto siglos tardamos en recuperar a Bolívar y su ideario anti-imperialista de la Patria Grande bolivariana después de su asesinato y traición? ¿Y si todavía no ha nacido el hombre o la mujer (y el partido-guía con militancia) que sean capaces de capitalizar la madre/bronca de todas las batallas? ¿Y si tiene apenas diez añitos ahora?

¿Y las bases? ¿Alguien averiguó qué/cómo piensan/padecen las bases? ¿Alguien bajó? ¿Alguien arrancó el laburo de hormiga trabajando desde los barrios y las comunidades? ¿O todavía con superioridad moral se pretende empezar desde un elitista club social de Calacoto? 

Solo tengo preguntas y más preguntas. Solo tengo esperanza. No me resigno al pesimismo, ni al existencialismo, ni al tiempo de las pequeñas cosas. No me refugio en conspiraciones, ni en las tóxicas redes sociales. No creo en la “reconciliación”. Solo sé que cuanto más oscura es la noche, más cerca estamos de otro amanecer. 

“Cumple sorpresa, no avisen al cumpleañero”, decía la invitación que corrió por los “guasaps” de los “aliados” hace una semana. La unidad de la izquierda es -hoy- una quimera. Las rencillas y las broncas personales están todavía a flor de piel. Ni siquiera hemos podido olvidar el golpe y terminar de llorar a los muertos. 

Los que pagarán los platos rotos serán/son los de siempre. Son/serán los que pueblan las cárceles después de la penúltima ola criminalizadora de la protesta social. La unidad de la izquierda es hoy un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción. El mayor bien llegará cuando las papas quemen de verdad. Cuando todos estemos en la misma celda. Cuando los de enfrente no distingan a quien disparar. Toda lucha es un sueño, como la vida corta que se nos va entre las manos. La unión de todos los zurdos, sueños son también. Todo esto ya lo decía nomás un viejo poema de Calderón hace más de cuatro siglos.

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