Hace unos días, el Ministro de Economía y Finanzas Públicas, José G. Espinoza señaló que, en los próximos días/semanas se unificará el tipo de cambio para dejar flotar el dólar, posiblemente entre Bs 9,50 y Bs 11,50, con el apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI). Suena técnico, ¿verdad? Pero la realidad es que esto va a cambiar por completo lo que pueden comprar las familias con Bs 100.- por ejemplo, cuando vayan al mercado o a la tienda, debido a la devaluación oficial de la moneda nacional.
Es así que, mediante Resolución Ministerial N° 245 de 26 de junio de 2026, el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, resuelve establecer un régimen cambiario flexible, supuestamente para fortalecer la estabilidad macroeconómica. No obstante, dicha Cartera de Estado se olvida que, la Constitución Política del Estado en su artículo 328, estable que son atribuciones del Banco Central de Bolivia, ejecutar la política cambiaria.
Unificar el tipo de cambio significa aceptar la realidad: el dólar ya no cuesta Bs 6,96. Al dejarlo flotar, el precio oficial va a subir para equipararse al mercado real. Y aunque eso ayuda a los exportadores, para la mayoría de los bolivianos viene con un shock.
Primero, la Inflación importada, Bolivia compra del exterior maquinaria, tecnología, repuestos y hasta alimentos. Con un dólar oficial más alto, todo eso se encarece y el golpe directo va a la canasta básica.
Segundo, retorna el dilema de los subsidios, si el diésel y la gasolina nos cuestan más caros en dólares al momento de importar, el Estado tendrá que recortar presupuesto en otras áreas o ajustar los precios actuales al alza, lo que afectaría de manera transversal a la economía.
Tercero, el sector informal, los gremiales, artesanos, comerciantes minoristas, entre otros que no tienen un sueldo fijo, verán cómo sus ingresos rinden menos frente a la subida de precios. Y cuarto, la deuda externa encarece, con un tipo de cambio más alto, la deuda será onerosa con el riesgo de ser insostenible en el tiempo.
Lamentablemente, aquí viene el peligro real, no se puede liberar el dólar de la noche a la mañana, si la economía no está estabilizada, primeramente. Es decir, el Gobierno de Rodrigo Paz no aplicó la Regla de Oro “Estabilizar Primero la Macroeconomía”. Pero, ¿Qué significa esto?:
1)Frenar el déficit fiscal, se debió disminuir los salarios absolutamente de todo el aparato estatal, y no la burla del aporte voluntario del 50% de los salarios del presidente y sus 14 ministros; asimismo, al dejar de subsidiar los combustibles por más de 6 meses, el Gobierno generó ahorros, que hasta ahora nadie sabe su verdadero destino.
2)Subir las tasas de interés en moneda nacional, se debió aplicar esta medida previamente, a fin de que los bancos paguen más por los ahorros en bolivianos, por cuanto, si el dinero rinde más en el banco, los agentes económicos no salen a correr a buscar dólares.
3)Reconstruir las Reservas Internacionales Netas, a la fecha las mismas ascienden a $us 4.000 millones, de los cuales en la actualidad las reservas liquidas en dólares alcanzan a lo mucho a $us 1.000 millones que son insuficientes, por eso se debieron fortalecer las reservas, para demostrar al mercado que hay fuerza para frenar la especulación.
Para amortiguar el impacto de una devaluación y unificación cambiaria sin desatar una espiral hiperinflacionaria, el Gobierno no puede recurrir a incrementos salariales masivos por decreto, lo que causaría más inflación y quiebra de empresas, ni fijar precios máximos que provocarían desabastecimiento.
Finalmente, y con el objeto de no ahondar la crisis económica, el Gobierno debe aplicar un enfoque moderno de protección social ante un ajuste del FMI, basándose en transferencias directas focalizadas, redes de seguridad alimentaria y blindaje del ahorro popular.








