Tres minutos de hidratación

Arrancó el tiempo postbloqueo y el resultado del estudio de percepción de Ipsos CIESMORI que ya está circulando resulta muy interesante para la conversación pública.

Este trabajo se enfoca específicamente en el universo de la población “conectada”: hombres y mujeres mayores de 18 años con acceso a internet en La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz. Se deja de lado un pedazo del país: el que no tiene acceso a internet y el que no está en el eje troncal, lo que invisibiliza una parte del paisaje. Sin embargo, el peso de las creencias de un “centro conectado” donde tienen su nido principales medios de difusión no es menor y conserva cierta onda expansiva en el resto del territorio.

El levantamiento de la información fue realizado del 22 al 30 de junio, en plena resaca del bloqueo de más de 50 días. La muestra de 400 casos distribuidos de forma aleatoria y segmentada deja datos políticos que el gobierno de Paz debe estar masticando.

La percepción ciudadana parece darle el primer tirón de orejas al hijo del Jaime Paz. Ya no es un solo sector, ya no es el mundo masista que “mamó del sistema durante 20 años”, ya no es el mundo de “los vándalos, violentos, narcotraficantes”. Es la señal de un descontento general que se expresa en el 61% de los ciudadanos que afirma que la dirección de Bolivia es incorrecta. Por lo visto no es un berrinche postbronca. Es un hito político de un gobierno todavía adolescente (ocho meses de ejercer el poder). Por primera vez, la desaprobación al presidente, 45%, supera a su aprobación, 38%. Lleva peor nota el vicepresidente Edmand Lara, pues arrastra un rechazo del 81% frente a sólo un 7% de conformidad pero ya casi nadie lo asocia al oficialismo del poder político.

La caída de la imagen del Presidente es crítica pero no está cerca del piso si actúa un equipo asesor que vea con serenidad, autocrítica e inteligencia. Por ahora la insatisfacción no es homogénea y muestra polos opuestos. Bien mirado, se puede generar una aprovechable oportunidad.

Vamos a las cifras. La ciudad de El Alto se consolida como el núcleo más crítico, liderando el rechazo al presidente con un 58% de desaprobación. Definitivamente la ciudad que besa el cielo resultó ser el “enfant terrible” de la sociedad boliviana. Le sigue La Paz, que registra un 44% de rechazo frente a un 36% de apoyo. El dato apunta a que el último cerco reavivó, además, el rechazo al sector bloqueador (que actores políticos siguen sin leer en su composición y se quedan con el tic de depositar en Evo Morales la causa de todos los males) pero que no se tradujo en una heroización del Presidente ni de sus ministros. Tampoco sucedió esto en Santa Cruz donde se sufrió un significativo ajuste en las expectativas ciudadanas. La plaza donde Rodrigo Paz corrió a dar señales positivas cierra con un estricto empate técnico: 42% tanto para la aprobación como para la desaprobación. Los expertos hoy en el poder no deberían quitar la mirada a las demandas de este departamento que está dando señales de perder la paciencia. Sus demandas sectoriales pueden, como en el caso de los últimos bloqueos, adquirir un intuitivo pegamento que ponga al gobierno en más apuros.

Hay noticias menos preocupantes. Vienen de Cochabamba donde se registra el único contrapeso favorable al Ejecutivo: 43% de aprobación presidencial, un síntoma de relativa estabilidad sin olvidar la naturaleza de la muestra que se tomó para esta fotografía de percepción. El otro insumo que puede dejar con una sonrisa al poder es el nivel de aceptación de la declaratoria del Estado de Excepción por 90 días. Recibe el amplio respaldo del 78% de los encuestados, alcanzando su pico en Cochabamba con un 88% y el nivel más bajo en El Alto con un 70%. Este porcentaje dialoga con el rechazo a los sectores bloqueadores. La paralización escalonada de la economía fue sentida a lo largo y ancho del territorio. La carencia y el sufrimiento terminaron volcándose contra todos los grupos demandantes.

Las posiciones a las que se confronta el gobierno de Rodrigo Paz traen consigo sus dificultades: mientras en Cochabamba la crítica se concentra en la falta de firmeza para resolver conflictos, en El Alto adquieren mayor peso los reproches en torno a promesas incumplidas e incapacidad para gobernar. ¿Cómo se articula la acción en los próximos meses?Sin duda hay un antes y un después de los 50 días. Argumentar que acaban de entrar al gobierno ya no da; echar la culpa a los 20 años pasados ya no da. Seguir jalando la cuerda de “los violentos, los narcotraficantes, el señor del Chapare” tiene sus riesgos. Es un gobierno adolescente, no se acerca ni a la mitad del primer tiempo. Pero vaya que necesita tres minutos de hidratación.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *